A nadie se le escapa que las oligarquías partitocráticas utilizan las desgracias colectivas –lo vimos en las recientes inundaciones causadas por la gota fría en Levante, lo vemos ahora con los incendios estivales– para azuzar la demogresca que garantiza su fortaleza. Echándose las culpas los unos a los otros, disputando sobre la rapidez o lentitud con que han interrumpido sus vacaciones, logran enardecer y disciplinar a los fanáticos y zoquetes de sus respectivos negociados ideológicos. Además, desgracias como las inundaciones del pasado año o los incendios de esta semana permiten a la chusma que nos tiraniza imponer los dogmas de la religión climática, que a la vez que enriquecen a sus amos y empobrecen a los pueblos tiranizados resultan fundamentales...
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