En la ciudad que habito hay gente que duerme en la calle, hurga en la basura en busca de algo con que matar el hambre y guarda cola en los servicios de Cáritas y ante la ventanilla de la Oficina de Empleo. En la ciudad que habito hay barrios degradados a guetos, viviendas okupadas, narcopisos con bula, fines de semana vandálicos, navajas multiusos y jóvenes que alivian la vejiga contra los muros de la catedral. En la ciudad que habito, los gobernantes viven del sablazo presupuestario, de comisiones incógnitas, de dietas por kilometraje y de lucrativas concesiones nunca desveladas, ocultas siempre tras el señuelo de la modernidad, de la necesidad de renovar las losetas o de la conveniencia de crear...
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