Como esos progres gerundios que se tutean con Dios, cuyo nombre, por cierto, escriben con minúscula (mayúscula para las cosas grandes, minúscula para las cosas pequeñas, enseñaba el hijo de Antón Zotes), y luego echan la Semana Santa oyendo a Bach con ojos blancos como bolitas de alcanfor, tenía uno la ilusión de un agosto descuidado para releer 'El Jarama' de Ferlosio, única novela digna de consideración en la literatura española de más de un siglo, con su domingo de agosto de 1950, su merendero, su presa, su luna llena y su chica muerta. «Novela fetiche del antifranquismo», tiene dicho algún idiota, gloriosamente resumida por el censor del franquismo Javier Dieta Pérez en su informe al mando: «Un domingo a...
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