En la política actual, los pactos de Estado son como las comisiones de Romanones: un método para aparcar la solución de un problema. Sánchez, que ha roto todos los que existían hasta su llegada, incluidos lo que había suscrito él mismo cuando estaba en la oposición –por ejemplo contra el golpe separatista–, echa mano de la socorrida receta cuando no se le ocurre nada, porque cuando se le ocurre algo lo pone en marcha por las bravas; y no digamos cuando la ocurrencia es de sus socios, aunque en esos casos los pactos son más bien 'contra' el Estado. El sanchismo consiste ante todo en la abolición de los consensos explícitos o tácitos que han venido funcionando con mejor o...
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