Cremona. Ciudad apacible, cuna de Antonio Stradivari, donde las calles huelen a madera noble recién pulida y los violines se afinan con la delicadeza de un suspiro. Un lugar donde el mayor alboroto suele ser un turista despistado preguntando dónde comprar una copia barata de un violín de 3.000 euros. Y ahora, de repente, aparece
Jamie Vardy (38), el delantero más macarra que ha parido Inglaterra, rondando la Piazza del Comune como si buscara una discoteca donde poner 'Basshunter' a todo volumen.
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