C., una trabajadora del área de producción cárnica, vinculada a una empresa dedicada exclusivamente al sector, recibió un
despido disciplinario por supuesto bajo rendimiento. Sin embargo, desde la compañía no se acreditaron nunca pruebas ni motivos reales, lo que provocó dudas y motivó el inicio de una
Inspección de Trabajo por sospecha de fraude. Es decir, un despido pactado para cobrar el paro.
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