Un milagro se vivió en Albacete. Estaba en chiqueros Fortes para recibir al cuarto, cuando le de Mayalde le fue al pecho, propinándole una paliza importante. Se incorporó Saúl para pegarle unas verónicas con la cara llena de sangre y arena, porque tenía visibles erosiones en la sien derecha y la frente. Pero que, después del susto, 'sólo' llevara eso, es como haber visto el capote de la Virgen de los Llanos en el mismo ruedo. Y un muletazo por el derecho, rodilla en tierra, en el inicio del faena, yendo el toro hasta el final, fue sencillamente extraordinario. Lo pasó a torear con verticalidad, y el noble animal obedecía, aunque Fortes y el de Mayalde querían distancias distintas. Poca...
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