Una emergencia médica, una crisis humanitaria o una solicitud de asilo no solo son situaciones difíciles para quien las vive, también lo son para quienes trabajan en ellas. En esos momentos límite, la tensión emocional puede bloquear la comunicación, especialmente cuando intervienen personas que no comparten el mismo idioma. Y en ese punto es donde entra el papel de los intérpretes, un colectivo fundamental... pero a menudo invisible.