"Ha sido duro quedarme en casa viendo transcurrir toda la temporada”, dice Jakob Ingebrigtsen. El noruego, la gran estrella indiscutida del mediofondo mundial, llega al Mundial de Tokio que comienza este sábado convertido en la apuesta más arriesgada de todo el campeonato. Sin una sola competición en sus zapatillas en todo el verano a causa de una lesión en el tendón de Aquiles, se sube al avión hacia Japón dispuesto a luchar por su tercer título mundial en los 5.000 metros y el primero en el 1.500 -una extraña ausencia en su historial- a pesar de su nulo rodaje desde que acabó en invierno la temporada de pista cubierta. Y todo ello, en el año en que tuvo que sentarse a testificar contra su padre en el juicio a su progenitor por presuntos malos tratos a sus hijos cuando éste ejercía de entrenador.
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