En su ‘Arte de Ingenio, tratado de la Agudeza’, Baltasar Gracián propuso que un poema es un método de conocimiento tan válido como un tratado filosófico y, un verso bien ejecutado, una herramienta tan poderosa como un juicio lógico. Pensaba que ambas formas de expresión iluminan lo concreto por rutas opuestas: el juicio aclara la verdad limitando lo dispar, y un verso ‘dilata’ la ‘variedad’ del mundo: «es más sublime cuanto más nobles entidades multiplica». Esa capacidad del poema para ‘fecundar’ la inteligencia está, según Gracián, en que la facultad humana del ingenio genera conceptos mediante la confrontación de opuestos en una tirada de lenguaje. Aquí Lope, por ejemplo: «Creer que un cielo en un infierno cabe». Antes de escribir...
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