Con el paso de los años es normal empezar a tener
dolores que antes parecían lejanos. Intentamos encontrar mejorías cambiando aspectos de nuestra rutina pero no conseguimos ningún resultado concluyente, y es algo que puede llevar a la frustración. En algunos casos, este malestar puede hacer que tratemos de evadirnos con caprichos que pueden ser incluso peores y acabamos entrando en un bucle difícil de salir.
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