El desafío de una competitividad real, con reglas claras, innovación y eficiencia
Después de años de crisis generadas en desequilibrios macroeconómicos, la Argentina empieza a mostrar señales de estabilización y previsibilidad. Este nuevo contexto permite, por primera vez en mucho tiempo, proyectar más allá de la urgencia del corto plazo. Y se impone una pregunta clara y urgente: ¿cómo volvemos a ser competitivos para exportar más, atraer inversiones y dejar atrás décadas de estancamiento?
Durante mucho tiempo, la competitividad en la Argentina dependía del tipo de cambio. El dólar alto abarataba costos e impulsaba exportaciones, mientras se cerraban importaciones para proteger a la industria local. Pero ese esquema funcionaba durante ciclos breves, sin resolver los problemas de fondo.
Este punto lo podemos observar en los rankings globales más recientes, donde nuestra economía aparece entre las menos competitivas del mundo. Por ejemplo, en el Anuario de Competitividad Mundial 2025 -publicado por el International Institute for Management Development (IMD) de la ciudad de Lausanna, Suiza- nuestro país ocupa el puesto 62 sobre un total de 69 economías, industrializadas y emergentes.
Nuestro país subió cuatro posiciones respecto del año anterior en respuesta a una mejora en la eficiencia empresarial y en las expectativas de inversión y empleo. Sin embargo, también se advierte sobre desafíos estructurales persistentes. La Argentina muestra fortalezas puntuales -como la calidad de su capital humano y la vocación emprendedora-, pero sigue rezagada en infraestructura tecnológica, acceso al crédito y estabilidad macroeconómica.
Este diagnóstico confirma que hoy el desafío es construir una competitividad real, con reglas claras, innovación y eficiencia. Por eso, este año el 61° Coloquio de IDEA -que se realizará en octubre- tendrá como eje transversal la competitividad de la Argentina.
A comienzos de año, IDEA convocó a un equipo de CEOs y líderes empresarios que, con el apoyo de asesores técnicos, está trabajando en un diagnóstico y una serie de propuestas concretas para mejorar la competitividad de la Argentina.
Los que integramos ese equipo entendemos que ser competitivos es lo que nos permite atraer inversiones, generar empleo, aumentar la productividad y fomentar el crecimiento y desarrollo económico sostenible. En este sentido, reconocemos que hay aspectos como la simplificación impositiva o la desregulación, que dependen de decisiones políticas, pero también queremos poner el foco sobre lo que las empresas del sector privado pueden hacer internamente para ser más eficientes.
Desde el sector público se puede avanzar en fomentar un entorno de negocios más competitivo que reduzca el costo de operar -el llamado "costo argentino"- mediante la eliminación de trabas burocráticas, mejoras en infraestructura logística, de transporte y conectividad y promoción del sector financiero.
Sin embargo, también hay un aporte fundamental que se debe hacer desde el sector privado: alentar prácticas empresarias que estimulen la competitividad desde la innovación, las nuevas tecnologías, el desarrollo de cadenas de valor, la regionalización y la formación de capital humano.
En este camino, es clave entender que una mejora de la competitividad requiere decisiones estratégicas que sincronicen las reformas con la capacidad de adaptación de los sectores. No se trata simplemente de implementar las reformas, sino también en consensuar cuándo y cómo se aplican.
Avanzar con desregulaciones sin resolver antes los cuellos de botella logísticos, o abrir mercados sin generar condiciones reales de competencia, puede debilitar el entramado productivo en lugar de fortalecerlo.
Del mismo modo, implementar cambios demasiado rápidos en contextos institucionales frágiles puede aumentar la incertidumbre y frustrar los objetivos buscados. Construir una competitividad sostenible exige una hoja de ruta clara, con prioridades bien definidas, y sobre todo articulada con los distintos sectores y con capacidad de evaluación y ajuste permanente.
La transformación requiere compromiso, visión estratégica y un enfoque gradual pero consistente. Y ese es el camino que buscamos trazar.