No sé si son tiempos difíciles pero desde luego son tiempos raros. Millones de años de tecnología humana acumulada nos permiten resucitar a un muerto en la pantalla pero también matar a un vivo con el silencio que le gustaba a Albert Rivera. Ambas son, según se mire, un retroceso. Como lo es que el presidente de una democracia gaste las horas y los días y los meses de su mandato en hacer él las gracias y ponerle coto a las del resto. El chiste rubio platino empieza a ser de mal gusto. Primero fue Stephen Colbert; ayer, Jimmy Kimmel por hacer mofa con el duelo de Donald Trump, bailando en un partido de béisbol tras el asesinato de Charlie...
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