En las últimas elecciones nacionales, cuando Pedro Sánchez selló los pactos de la infamia con los Bildus, los nazionalistas y la ultraizquierda, un buen amigo manifestaba sentirse muy aliviado espetando «para que me roben los otros, prefiero que me roben estos». Como si la mierda de unos fuese mejor, de mayor calidad que la de los otros; como si el pillaje, la corrupción sobre nuestros lomos fuese más leve dependiendo de donde venga. «Yo prefiero que no me robe nadie», le contesté. Traigo esta anécdota porque ya entonces me resultó terrible que el ciudadano normalice, dé por hecho que desde el Gobierno nos van a dar a todos por donde amargan los pepinos, que quien vota crea elegir quién prefiere...
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