Los miopes ven (vemos) la Luna más grande de lo normal, pero también más borrosa; menos real, más misteriosa. Claude Monet pasó cuarenta años de su vida pintando su jardín en Giverny , un Parnaso que construyó en Normandía para poder pintarlo a todas las horas del día. Sin embargo, las cataratas le impedían al final de su carrera ver con claridad y alteraban su percepción de los colores. La paleta se redujo a marrones, rojos y amarillos. Su pincelada era cada vez más gestual. Su ceguera progresiva le llevó, sin pretenderlo, camino directo a la abstracción. Sus últimas pinturas dejaron una huella importante en los pintores abstractos de la segunda mitad del siglo XX. Así nos lo han contado...
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