Que les cuenten a los miles de riojanos que colmaron la plaza de la Ribera que la tauromaquia no es cultura. Pero que se lo digan de frente y por derecho, que a lo mejor oyen lo que no quieren oír. Y que se lo pregunten también a los aficionados catalanes que vivieron aquella mentira política que llevó a la prohibición contra derecho de las corridas de toros en aquella tierra. Que lo digan bien claro y alto, sin la hipocresía de partidos como el socialista que no salía del sí pero no hasta asestar el golpe definitivo, como un arreón de manso. Cultura, con mayúsculas, la brava corrida de Núñez del Cuvillo, como homenaje a ese tesoro medioambiental que...
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