Vivir en el extranjero supone enfrentarse a costumbres inesperadas. Lo que en un país es normal, en otro puede parecer extraño o incluso de mala educación. Esa es la experiencia de
Ale Cuéllar, española residente en Estados Unidos, que tras varios años allí sigue asombrándose por un hábito que, según cuenta, resulta muy común.
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