El acuerdo de Trump y Netanyahu sobre un plan –de incierto futuro– para poner fin a la guerra en Gaza es foco de particular atención mediática. Ello no desmerece la angustia que suponen las esporádicas violaciones de los espacios aéreos de países de la OTAN a cargo de drones no artillados y aviones rusos. Acciones cuyo objeto sería generar tensión e incertidumbre. Por un lado, para amedrentar a las sociedades europeas con la amenaza de un potencial conflicto de alta intensidad, para el que no están preparadas . Y, por otro, para obtener información actualizada tanto militar (despliegues, medios y tiempos de reacción) como política (grado de cohesión interaliada). Lo cierto es que en 2025 se han producido incursiones aéreas...
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