Su estreno en el Festival de San Sebastián ya permitió hablar de ella con extensión y establecer las conexiones y especialmente las diferencias con 'La infiltrada', la película de Arantxa Echevarría que fue la sensación del pasado año, que ganó el Goya de mejor película y su protagonista, Carolina Yuste, el de mejor actriz. La que dirige ahora Agustín Díaz Yanes, como ya se ha escrito, le añade vínculos con la historia real al 'contaminar' la ficción con imágenes de archivo de algunos de los 'grandes momentos de atrocidades' de la banda terrorista de ETA, Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco, Ortega Lara… La historia de la joven guardia civil que renuncia a su vida para asumir el papel de agente encubierto dentro del entorno etarra, es decir, convertirse en un fantasma en aquella guerra contra el terror, adquiere en manos de Díaz Yanes una notable claridad narrativa y una gran pericia cinematográfica para establecer sus dos puntos clave: contar (y ver) la España de aquellos años en los que el terrorismo fue especialmente sanguinario e inhumano, y también subrayar no solo el valor y el sacrificio de una mujer para desarticular a la banda terrorista, sino amasar además el plan cauteloso y preciso de los que urdieron con paciencia el golpe definitivo y policial a los jefes de ETA y su impunidad en Francia. Susana Abaitua tiene otro trabajo sutilmente distinto al que hizo perfectamente Carolina Yuste , ambas en el borde del precipicio, ambas en contacto directo con diabólicos personajes, pero inspirándole sentimientos diferentes a la pantalla: Yuste transmitía fortaleza y fragilidades, lo que hacía de su personaje alguien entregado a su fatum, un destino de aislamiento y abandono, mientras que el personaje que interpreta Abaitua, porque así lo diseña el director, también proyecta fortaleza y flaquezas, pero siempre aparece más amparado, con un hilo nunca roto con sus mandos. El recurso musical (canciones italianas) es una pieza crucial para que esa sensación de amparo tenga cuerpo en el espectador y se deje llevar más por la intriga policíaca, el suspense, que por la compasión o solidaridad hacia la joven guardia civil. La buena cámara de Paco Femenía atrapa los paisajes, las rutas, los miedos en esos viajes en coche de Amaia entre psicópatas recelosos y que huelen su hundimiento. Es una magnífica lección de cine, de ritmo narrativo, de intriga siempre en progresión y de claridad ética del cómo, dónde y por qué se ganó esa batalla