Hay una parte del entrenamiento que no se mide en kilómetros, ni se entrena en series ni se refleja en el cronómetro. Pero es tan importante —o más— que el volumen, el ritmo o la técnica: hablamos de la mentalidad.
Esa voz interior que te empuja a salir a correr cuando no te apetece, la que te
dice “una más” cuando las piernas pesan y la que te
recuerda por qué empezaste cuando llega la duda.
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