Quienes se acercan a
Son Vell lo hacen atraídos por su encanto histórico, y más de uno se marcha con la sensación de que deberían haberse quedado más tiempo. Como confesaba un visitante:
“Fuimos solamente a cenar y nos arrepentimos de no haberlo elegido para nuestra estancia”. Y es que este alojamiento no es solo un hotel, sino una auténtica casa solariega del siglo XVIII restaurada con mimo.
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