De la condena selectiva de la masacre en Gaza al fiasco de las pulseras antimaltrato, o el aberrante goteo de alimañas en libertad por una ley tan absurda como chusca, o la fontanería cutre y el putiferio, lo que subyace es desalentador por lo que tiene de derrumbe moral. El éxito del sanchismo, que es el fracaso como sociedad de sus gobernados, es que el delito lo es sólo cuando lo dictamina el Ejecutivo, él, don Pedro . Esa querencia, común a cualquier gobernante, se controla en las democracias maduras gracias a la existencia de poderes que ejercen de contrapesos. Ninguno puede haber si desde el Gobierno se hace todo lo posible por barrenar a Montesquieu. Que dos casos palmarios...
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