Del vapor al silicio: los animales a través de la industrialización
Durante mucho tiempo los animales han sido considerados como seres vivos sin historia. Si bien, los animales han sido estudiados desde la zoología o etología, no han sido pensados ni vistos desde las humanidades, conocer sus historias, sus narraciones y sus sensibilidades. No obstante, gracias a diversos relatos y procesos históricos esa consideración ha mutado, dado a ello es interesante detenerse en dos procesos históricos que a mí parecer dialogan bastante en cómo acercarnos y valorar a los animales. El primero se sitúa en el siglo XIX con la primera gran Revolución Industrial donde se pasa de una economía agraria a una economía industrial, proceso en el cual se optimiza la vida humana, sin embargo, ¿qué ocurrió con los animales allí?
Antes de la industrialización, la relación entre humanos y animales se basaba en la coexistencia, aunque no siempre pacífica; los animales eran parte del entorno rural y las ciudades, y su uso como fuerza de trabajo se regía por un conocimiento empírico. Con la llegada de la Revolución Industrial, esta relación se vio radicalmente alterada. El pensamiento capitalista, basado en la producción masiva y la eficiencia, instrumentalizó la vida animal al extremo. La industrialización de la agricultura convirtió a los animales en “unidades de producción”, surgió la cría intensiva y la ganadería industrial, donde el objetivo principal era maximizar la producción de carne, leche y huevos en el menor tiempo y espacio posible. Este nuevo modelo ignoró por completo el bienestar animal, enfocándose solo en la rentabilidad. A medida que las máquinas de vapor y los motores reemplazaron la fuerza animal, los caballos y otros animales de carga perdieron su papel central en la economía. Paradójicamente, mientras su uso como fuerza laboral disminuía, la demanda por el espectáculo animal aumentaba.
El impacto más profundo de la industrialización sobre los animales se produjo a escala planetaria, afectando a la fauna silvestre, la expansión industrial y la urbanización masiva causaron la deforestación de bosques y la destrucción de hábitats naturales para construir fábricas, ciudades e infraestructura. Esta pérdida de hogar llevó a la extinción o al desplazamiento forzado de innumerables especies.
Desde una perspectiva historiográfica, la industrialización marca el inicio de una nueva era en la historia de los animales: su despojo de un lugar inherente en la naturaleza para ser reclasificados como recursos, mercancías y objetos de consumo masivo. La historia de la industrialización, vista desde la perspectiva de los animales, es un relato de invisibilización, sometimiento y, en muchos casos, extinción.
Ahora bien, el segundo proceso histórico hace referencia a la Inteligencia Artificial, ¿cómo afectará la IA en el destino del mundo animal?
Si la industrialización optimizó la producción a través de la máquina, esta nueva herramienta, consecuencia de la industrialización y de crecimiento acelerado, ofrecerá la posibilidad de optimizar a través de algoritmos la producción de los animales, pudiendo llevar la explotación animal a un nuevo nivel. Por ejemplo, los sistemas de IA en granjas industriales monitorearían el comportamiento, la salud y la alimentación de cada animal a una escala masiva, no para mejorar su vida, sino para maximizar la eficiencia y la rentabilidad del sistema. Esto resulta en condiciones de vida aún más despersonalizadas y en la total objetivación de la vida animal.
No obstante, la IA no es inherentemente negativa. Si se canaliza correctamente, podría ser un instrumento poderoso para la conservación. Así, podríamos usar drones y sistemas de reconocimiento de imágenes para rastrear especies en peligro de extinción, detectar la caza furtiva o el tráfico de animales en tiempo real o analizar patrones de migración de manera más precisa.
La historia de los animales en la era de la IA será un relato de contradicciones: por un lado, un avance tecnológico que podría salvar especies y ecosistemas; por el otro lado, una nueva capa de deshumanización que podría llevar a la total objetivación e insensibilización de la vida animal. El futuro de los animales en la era digital dependerá de si nuestra ética y moralidad pueden avanzar tan rápido como lo hace nuestra tecnología, con el objetivo de que esta nueva era gire en torno a la concientización, sensibilización y protección de la vida.