Dejó escrito Emiliano Osornio desde el primer quite que no había venido a pasar el rato. Tanto se apretó en el tercer lance que hubo revuelo de susto, con una zapatilla arrancada. Sería con Chabacano, el mejor de la mansurrona novillada de López Gibaja en una tarde de primavera y de frío público, sin cobertura y desconectados de lo que sucedía en el ruedo. Este primero había apuntado buen son desde el saludo capotero de Sergio Sánchez, que dejó dos pausadas verónicas. De rodillas se echó el extremeño en su decidido inicio de faena. Para coger inmediatamente la zurda, por donde embestía con clase. También fue nobilísimo por el derecho, por donde en un palmo de terreno el pacense giró...
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