En alguna ocasión he recordado a las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan un chiste sarcástico y cruel que, siendo todavía niño, escuché contar al genial Gila . Cuando lo escuché por primera vez, más que reír, me hizo pensar mucho, porque creo que esconde en su meollo un conocimiento muy profundo de la naturaleza humana; o siquiera de los recovecos más miserables y gregarios de la naturaleza humana. El chiste rezaba así poco más o menos: «La otra noche salía yo del cine con mi mujer. Había tres individuos como tres armarios pegándole una paliza a un pequeñajo. Le digo a mi mujer: «¿Qué hago? ¿Me meto? ¿No me meto?». Al final me metí... ¡Cómo lo dejamos...
Ver Más