Algunos intentan apagar el incendio con gasolina , otros pretenden superar la catástrofe siguiendo a pie juntillas el «más madera esto es la guerra» sin que falten los que consideran que cuanto peor mejor. Salir en defensa del kitsch en una época de 'planetarización' viral de las tonterías 'inmundas', puede ser un síntoma delirante o, como en el caso de Lipovetsky y Serroy, una consecuencia de su optimista asunción del individualismo o, por emplear, un latiguillo de su cosecha el «hiper-individualismo». No hay que comulgar con el dogma, inercial en el mandarinato cultural, de que hemos degenerado inevitablemente y que el combate, expuesto sobriamente por Clement Greenberg en 1939 cuando el totalitarismo imponía su atroz ley, entre la vanguardia y...
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