Los informativos deportivos del sábado por la noche y domingo al mediodía se hacían eco del caos en las puertas del Camp Nou por culpa de chapuza tecnológica con las entradas. Unos más que otros recogieron la indignación de los abonados que no pudieron entrar. En el Telenotícies de TV3, consultaron a tres socios enfadados, pero evitaron los gritos de “¡Barça sí! ¡
Laporta no!” que se escucharon repetidamente en pleno colapso. Nos tuvimos que esperar al lunes, en ‘El día después’, para ver una crónica magnífica y completa sobre la verdadera dimensión del problema. “No pudimos dejar de mirar en las colas que se formaron para entrar en el estadio… y la verdad que da vértigo” anunció
Carlos Martínez para dar paso al reportaje. Vale la pena recuperarlo, porque refleja la gravedad de la situación, las condiciones a las que se vieron sometidos los aficionados, la precariedad de la atención al socio y el personal del club superado por la avalancha de demandas. También mostraba el laberinto agobiante de las colas en el exterior del Camp Nou y los atascos de gente en zonas de paso críticas. El vídeo testimoniaba el clima de injusticia que perciben los abonados y sus reivindicaciones por el trato que reciben. Las quejas que proferían ante las cámaras de Movistar+ transmitían un malestar acumulado. El reportaje era periodismo puro: cronología de los hechos, observación exhaustiva, un relato sólido, creciente y bien construido y un sutilísimo sentido del humor para compensar el talante del socio enfurecido. Otro aspecto relevante era el seguimiento posterior del caos en el interior del Camp Nou, una vez los aficionados conseguían acceder a la grada: confusión a la hora de encontrar los asientos, gente que entró sin entrada ni sitio asignado, zonas abarrotadas, público sentado en las escaleras... Y, dentro y fuera del estadio, los gritos de “¡Barça sí! ¡Laporta no!”. Los autores del vídeo amenizaron las imágenes con la Habanera de Carmen de
Bizet. El cuplé tiene esos efluvios argumentales de pasión que se precipita al desastre, unos golpes de tensión que acentuaban la ironía del momento. La música servía para trivializar un poco la altísima indignación y subrayar el espectáculo emocional. Es interesante verlo porque es un relato que refleja un estado de ánimo de los socios que va más allá de un enfado puntual.
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