'Este es de los artículos que gusta escribir, es de esos en que hay un componente emocional de grado superior; y es que por fin hemos empezado la temporada de esquí.
Se ha acabado la larga travesía de 7 meses sin esquís en los pies, una travesía que se hace ardua, pesada y, en mi propio caso, eterna. Los meses de verano deberían suprimirse y doblar los de invierno y primavera, jajaja.
Bueno, a lo que íbamos. Entrábamos en noviembre ya con un mono de esquí que se había convertido en gorila, contando los días para las primeras nevadas importantes o, en su ausencia, que hiciera frío para poder producir nieve y, en el último tercio del mes, se producía el milagro y estas dos premisas se cumplían. Por un lado unas buenas nevadas en el Pirineo y, por el otro, varios días seguidos de frío en los...'