La ratonera
Escrita por la gran autora británica Agatha Christie, «La Ratonera» fue una obra inmortal de misterio, intriga y secretos, donde el desenlace es impredecible y se lleva por delante toda una época. «Quien no vive para servir, no sirve para vivir», dice el prólogo de la novela inspirada en la muerte real de Dennis O,Neill, un niño de doce años que inspiró el texto victoriano de «Tres ratones ciegos» y cuyo final fue siempre un negro túnel en función de las diferentes adaptaciones a la versión literaria, el cine o el teatro. Como en aquella mansión de Londres, así aparece hoy el PSOE, una organización atrapada por un autócrata alejado por completo de la realidad.
«O Sánchez se va o el partido desaparece», advierte un veterano dirigente socialista asistente al llamado «Clan del Luarqués», el restaurante asturiano próximo al Congreso donde últimamente se reúnen críticos del «sanchismo» y, atención, también algunos diputados que empiezan a ver la descomposición final. Los últimos acontecimientos de corrupción y acoso sexual han encendido todas las alarmas en un partido que empieza a supurar por una herida cada vez más difícil de cerrar.
«Este hombre está fuera de la realidad», dice uno de estos dirigentes ante la comparecencia de Pedro Sánchez para hacer balance del año. Un auténtico despropósito, una muestra del más puro caudillismo con el único discurso de siempre: «Fuera de mí no hay salvación, solo las fauces de la ultraderecha», sentencia el gran líder atrapado en su ratonera de La Moncloa, mientras como en la novela de Christie todos sus lacayos revolotean alrededor, se preguntan hasta dónde está dispuesto a llegar para mantenerse en el poder y quién cogerá la daga final. Son tantos los suculentos sueldos públicos, tantas las prebendas, tanto el «maná» del erario público a percibir, que por el momento cuesta creer un movimiento de oposición al César.
Pero conviene no olvidar las lecciones de la historia y siempre puede surgir un Bruto en el horizonte que traicione al sátrapa. La historia de este PSOE a la medida de Pedro está llena de corruptos, mordidas, puteros y deslealtades varias. El «sanchismo» nació en los prostíbulos y aquí sucumbirá, vaticinan algunos mientras los puñales acechan, todavía en silencio.
El presidente del Gobierno huye de la calle porque le abuchean los ciudadanos. Huye de la realidad y se pasea por Extremadura con un candidato imputado a punto de sentarse en el banquillo, mientras aguarda un batacazo electoral sin precedentes. El órdago autonómico orquestado por el PP, con las elecciones en Extremadura, Aragón, Castilla-León y Andalucía es todo un acierto que deja sin respiración a Sánchez y sin argumentos a su mejor aliado, el Vox de Santiago Abascal, incomprensiblemente erigido en adversario frontal del PP.
La campaña contra la lideresa extremeña, María Guardiola, es de una bajeza inusitada que se les volverá en contra. La «Dama de las Dehesas», como se la conoce en su tierra, está desarrollando una campaña acertada, no se achanta y planta cara. Si los sondeos se cumplen, Guardiola puede marcar el inicio de un cambio de ciclo, el verdadero trampolín de Alberto Núñez Feijóo hacia La Moncloa. De tierra de conquistadores a conquistar el Gobierno de España. Esto ya no da más de sí, aseguran en el PP, aunque Pedro Sánchez morirá matando. De ello no hay duda.
Sánchez se pasa por el aro el protocolo, la diplomacia y las normas establecidas en cualquier país democrático para recluirse en La Moncloa y sucumbir al berrido hipócrita de unos socios radicales que, falsarios en su conducta, amenazan pero no dan. Ninguno de los ministros comunistas, empezando por la locuaz Yolanda Díaz, bien sentada en la poltrona gubernamental, piensa ni por un momento renunciar a ella y sus suculentas prebendas. En el exterior, España ni está ni se la espera, como muestra la última Cumbre de Berlín para la pacificación de Ucrania en la que nuestro Gobierno estará ausente.
El vacío es ya evidente, pero Pedro Sánchez huye hacia adelante. ¿Hasta cuándo y hasta dónde?, se preguntan muchos. Hasta que el último ratón aflore con su zarpazo. Aún queda mucho por ver.