¿Por qué no recuerdas lo que has soñado? La ciencia tiene la respuesta
Despertar con la sensación de haber vivido algo intenso durante la noche, pero sin poder reconstruir ni una escena concreta, es una experiencia tan común que rara vez la cuestionamos. Soñar es una actividad cerebral normal y frecuente, pero recordar esos sueños no lo es tanto. Durante décadas, este contraste ha despertado el interés de la neurociencia, que hoy empieza a ofrecer explicaciones sólidas sobre por qué la mente borra gran parte de su actividad nocturna.
Lejos de ser un fallo del sistema, el olvido de los sueños responde a mecanismos cerebrales bien definidos. Investigaciones recientes apuntan a que el cerebro actúa como un editor exigente que decide qué información merece conservarse y cuál debe desaparecer antes de que comience el día.
El papel clave del sueño REM
La mayoría de los sueños se producen durante la fase REM (movimientos oculares rápidos), un periodo del sueño caracterizado por una intensa actividad cerebral. En esta etapa, el cerebro se comporta de forma similar a cuando estamos despiertos: procesa emociones, reorganiza recuerdos y crea narrativas complejas que pueden resultar vívidas o extrañas.
Sin embargo, esa intensidad no garantiza que el contenido se almacene. Al contrario, es precisamente durante el sueño REM cuando se activan mecanismos que dificultan la fijación de recuerdos. Aquí entra en juego un tipo muy concreto de neuronas que la ciencia ha comenzado a estudiar con detalle.
Un estudio liderado por el neurocientífico Thomas Kilduff, del Centro Internacional de Neurociencia SRI en California, ha identificado a las llamadas neuronas MCH (hormona concentradora de melanina) como protagonistas de este proceso. Estas células se activan sobre todo durante el sueño REM y parecen cumplir una función de depuración cognitiva.
En experimentos realizados con animales, los investigadores observaron que cuando estas neuronas se activaban, disminuía la capacidad de recordar información reciente. Cuando se inhibían, la memoria se consolidaba con mayor facilidad. La conclusión es clara: el cerebro no solo olvida de manera pasiva, sino que elimina activamente ciertos contenidos. Los sueños, cargados de imágenes inconexas y asociaciones poco útiles para la vida diaria, se convierten en candidatos ideales para ser descartados.
Por qué los sueños no llegan a la memoria a largo plazo
Para que un recuerdo perdure, debe consolidarse en el hipocampo, una región esencial para la memoria a largo plazo. Durante el sueño REM, la activación de las neuronas MCH interfiere en ese proceso, impidiendo que lo soñado se fije de forma estable.
Desde una perspectiva evolutiva, este mecanismo tiene sentido. Si el cerebro almacenara cada sueño con el mismo peso que una experiencia real, los circuitos de la memoria podrían saturarse rápidamente. Al filtrar la información irrelevante, el sistema mantiene su eficiencia y prioriza lo verdaderamente útil para la supervivencia y el aprendizaje.
¿Por qué algunas personas sí recuerdan sus sueños?
Aunque el olvido es lo habitual, hay personas que recuerdan sueños con frecuencia. Los expertos creen que influyen varios factores: despertares bruscos durante la fase REM, mayor sensibilidad emocional, hábitos de atención al mundo onírico y diferencias individuales en la actividad cerebral.
Además, el contexto importa. El estrés, la falta de sueño o las interrupciones nocturnas pueden alterar la arquitectura del descanso y modificar la forma en que se procesan los sueños, aunque no siempre para favorecer su recuerdo.
Aunque el cerebro esté diseñado para olvidar los sueños, existen estrategias que pueden ayudar a conservarlos parcialmente. Escribir lo que se recuerda nada más despertar, mantener horarios de sueño regulares y reducir el estrés son prácticas recomendadas por especialistas en sueño.
Dormir las horas suficientes y sin interrupciones aumenta el tiempo en fase REM, lo que puede facilitar que algunos fragmentos del sueño lleguen a la conciencia antes de desaparecer. Aun así, los expertos coinciden en que recordar o no los sueños no es un indicador directo de la calidad del descanso.
No recordar lo que soñamos no es un defecto del cerebro, sino una muestra de su sofisticación. Mientras dormimos, la mente clasifica, ordena y descarta información para empezar el día con los recursos cognitivos despejados. Los sueños, fascinantes pero poco prácticos, suelen quedarse fuera del archivo. Y gracias a ello, el cerebro puede seguir funcionando con precisión y equilibrio.