Música clásica en Canarias
Mientras el invierno continental congela los cuerpos y las ideas de una vieja Europa que tirita –y no sólo de frío–, existe una anomalía geográfica y cultural que desafía toda lógica: se llama Canarias con su Festival Internacional de Música (FIMC), que se prepara para su cuadragésima segunda edición. Del 8 de enero al 7 de febrero de 2026, las Islas Afortunadas volverán a ser el refugio de Euterpe, convirtiendo el archipiélago en una de las capitales sinfónicas de Occidente. Sin embargo, este año la música no sonará sola, sino que lo hará acompañada de un contrapunto administrativo inquietante, una disonancia burocrática que amenaza con desafinar la partitura de un evento que, en lo artístico, resulta envidiable. Pero vayamos por partes.
Si nos ceñimos a lo que ocurrirá sobre los diversos escenarios, la oferta es, sencillamente, pantagruélica. La dirección artística, aún bajo la impronta de Jorge Perdigón, ha diseñado otro de esos menús a los que nos tiene acostumbrados. El pistoletazo de salida (8 y 9 de enero) es una declaración de principios: celebrar el 150º aniversario de Manuel de Falla con la Orquesta y Coro de RTVE y Christoph König. Escuchar los perfumes de «Noches en los jardines de España», con Iván Martín al piano, y la tragedia de «La vida breve» con la voz racial de Raquel Lojendio es reivindicar lo nuestro frente a lo mucho de afuera que nos llegará.
Y hablando de visitas, el festival traerá la artillería pesada. La visita de la Sinfónica de la Radio de Baviera con Paavo Järvi (13 y 15 de enero) es, quizá, la cita cumbre. Estamos ante una de las grandes formaciones europeas, capaz de un sonido denso y aterciopelado que Järvi sabe moldear con experiencia y, al mismo tiempo, un aire de modernidad. Pero el glamour lo pondrá el huracán Yuja Wang junto a la Mahler Chamber Orchestra (18 y 23 de enero).
Wang no es solamente moda y vestidos llamativos; se trata de una pianista de técnica que impresiona y será muy interesante verla enfrentarse a dos compositores tan diferentes en el tiempo y en el estilo como son Ligeti y Chopin. La programación continuará con un desfile envidiable: la Sinfónica de Bamberg dirigida por Jakub Hruša, trayendo consigo a la chelista Sol Gabetta para interpretar a Elgar; la elegancia monegasca de la Filarmónica de Montecarlo con el pianista Martin Helmchen desgranando el «Emperador» de Beethoven y el cierre introspectivo de Arcadi Volodos al piano. El acento local competirá sin complejos: la Filarmónica de Gran Canaria fusionando el sinfonismo con la garra flamenca de Estrella Morente y la Sinfónica de Tenerife respaldando al legendario violín de Vadim Repin.
Hasta aquí todo perfecto, pero bajemos del escenario y entremos en los despachos, donde la acústica es mucho más seca. La gran noticia paralela a la música es que el futuro del festival navega en la incertidumbre. El concurso público convocado para elegir la dirección del FIMC, ese proceso que debía garantizar la transparencia y calidad futura ha terminado en un sonoro gatillazo: ha sido declarado desierto.
El pasado 5 de diciembre de 2025, el Consejo de Administración del Instituto Canario de Desarrollo Cultural (ICDC) emitió el veredicto: ninguno de los proyectos presentados reunía la idoneidadnecesaria. Un eufemismo elegante para decir que lo que llegó a la mesa no estaba a la altura de un presupuesto de cuatro millones de euros y una historia de 42 años.
Lo curioso del asunto reside en el Sanedrín que tomó la decisión. No fueron burócratas grises, sino personas de indiscutible autoridad: el director de orquesta Víctor Pablo Pérez, el gestor cultural Tilman Kuttenkeuler, el tenor Celso Albelo, la compositora Laura Vega, el director del Auditorio de Tenerife, José Luis Rivero, y el propio director saliente, Jorge Perdigón, que lleva desde 2017 al frente del festival.