Ruptura Alcaraz-Ferrero: "Todo tiene un principio y un final"
En plena pretemporada después del mejor año de su carrera tenística, Carlos Alcaraz anunció por sorpresa que el binomio que hacía con Juan Carlos Ferrero no seguirá el próximo curso. «Tras más de siete años juntos, Juanki y yo hemos decidido poner fin a nuestra etapa juntos como entrenador y jugador», explicó el tenista murciano en un comunicado, en el que hace repaso de todo lo que han vivido, que no es poco: 24 títulos, entre ellos seis Grand Slams, llegar al número uno antes que nadie en la historia, en 2022, con 19 años, cuatro meses y seis días; y acabar 2025 también en lo más alto. «Hemos conseguido llegar a la cima, y siento que, si nuestros caminos deportivos tenían que separarse, debía ser desde ahí arriba. Desde el lugar por el que siempre trabajamos y al que siempre aspiramos llegar», dice Alcaraz. Ferrero respondió con palabras emotivas, dando las gracias a su pupilo y al equipo, aunque también dejó claro que le «hubiera gustado seguir», e incluso no cierra las puertas: «Estoy convencido de que los buenos recuerdos y las buenas personas siempre encuentran la manera de volver a cruzarse».
Normalidad en la ruptura
Como siempre en estos casos y salvo causas de fuerza mayor, el deportista es el que manda. Desde el entorno de Carlos dan normalidad a lo sucedido: «Cosas que pasan, todo tiene un principio y un final. Tenemos que quedarnos con una etapa muy buena. A partir de ahora empieza otra etapa nueva», dicen desde el círculo más cercano al número uno del mundo. Esa nueva etapa arranca con Samuel López en el banquillo, al menos hasta el Open de Australia. El técnico valenciano ya ha formado parte del grupo de trabajo de Alcaraz esta temporada, incluso le había acompañado a algunos torneos en años anteriores.
Juntos desde 2018
La relación de Juan Carlos Ferrero y Alcaraz comenzó en 2018. En ese momento el murciano era un prometedor chico que había entrenado en el club de su padre, el Real Sociedad Club de Campo, en El Palmar. Se fue a Villena, a la academia de Ferrero, que pasó a ser su entrenador, al principio con Kiko Navarro, el técnico que tuvo desde niño y que poco a poco se fue apartando. En esos primeros años, recordaban en la academia cómo Ferrero tenía que calmar el ímpetu del chaval. El talento ya lo tenía, y su gran derecha, pero había que pulirlo. Decía Antonio Martínez Cascales, mentor de Ferrero en su época de tenista y fundador de la academia: «No sé si ganará mucho o poco, pero sí sé que vamos a divertirnos». En realidad, sí lo sabía, o al menos lo intuía, porque lleva muchos años en esto y sabe detectar a un potencial campeón. Juan Carlos venía de entrenar a Alexander Zverev y muchos otros tenistas llamaron a su puerta, jugadores importantes como Thiem, Del Potro, Cilic o Tsitsipas, pero apostó por seguir con un chico que apuntaba alto. En febrero de 2020 llegó el estreno de Alcaraz en el circuito ATP, en Río de Janeiro. La pandemia retrasó en parte la evolución. Fue sólo un pequeño parón. 2021 le sirvió para asentarse y en 2022 llegó la gran explosión con el triunfo en el US Open y el número uno del mundo.
Relación padre-hijo
Desde ahí, hasta el infinito casi, hasta el estrellato mundial. Justo este 2025 había sido el año más consistente, sin altibajos salvo al principio, cerrado con 71 victorias, once finales y ocho títulos. La relación entre Alcaraz y Ferrero era por momentos de padre e hijo, siempre ha estado muy encima de él para intentar que no se desvíe, pues empezó con él siendo un niño. Pero ese niño ya ha crecido. El ambiente en el equipo estaba lleno de bromas «y risas», como dice el propio Juanki, pero el desgaste también es inevitable. Ahora, afirma Alcaraz, «llegan tiempos de nuevas aventuras y nuevos proyectos para los dos».