Guardiola espanta el ruido nacional sin atar la absoluta
Concluyó anoche la campaña electoral en Extremadura. Las cartas están echadas. Quedan por delante las horas de infarto. Reflexión y recuento. Acude a las urnas la candidata del PP, María Guardiola, con el viento a favor. Todos los sondeos pronostican su victoria, cada vez con más distancia sobre el PSOE. En Génova hablan de más de diez puntos. Para los compases definitivos, la aspirante acaparó todo el protagonismo. Ella sola. Alberto Núñez Feijóo desapareció de allí el martes. Por decisión propia. «No queríamos quitarles el foco», aseguran a LA RAZÓN fuentes de su equipo.
Tampoco ha acudido, como avanzó este diario, ningún barón autonómico. Ni siquiera los que puedan ser un reclamo para según qué flancos del electorado. Juanma Moreno, para el centro, o Isabel Díaz Ayuso, para la derecha. De los dirigentes de la cúpula, ni rastro.
Lo cierto es que la ausencia de Feijóo en el cierre de campaña tampoco reviste de mucha novedad con respecto a su papel en anteriores citas autonómicas, en las que siguió un itinerario idéntico. Una caravana paralela, algún acto conjunto en el ecuador y poco más.
Quizás lo anómalo, esta vez, ha sido la participación en los mítines de cierre del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y del líder de Vox, Santiago Abascal. Llamativo ha sido el caso de este último, que no ha dejado prácticamente un día sin ocupar su agenda, hasta opacar a quien realmente va de candidato, desconocido todavía para muchos, y eso que ha participado en los dos debates electorales que se han celebrado.
En la cúpula popular aseguran que en todo momento han pretendido dejar margen a su cabeza de cartel, que ha consolidado un perfil propio. Precisamente para ensanchar el espectro electoral, como en su día consiguió el presidente andaluz cuando se coronó con aquella mayoría absoluta. Su ejemplo ha estado muy presente desde el principio. Sin embargo, la posibilidad de un desenlace parecido, en el que los restos decanten el número soñado: 33, es prácticamente una ensoñación.
No caerá esa breva. A no ser que se adelante unas horas el gordo de la Lotería y caiga en la sede del PP extremeño. Por pura estadística, la probabilidad es ínfima. Y por eso, el principal objetivo que se han propuesto los mandos populares para esta primera cita del nuevo ciclo electoral es cosechar una «mayoría suficiente». Es decir, que la suma de todos sus diputados supere a las dos formaciones de izquierda juntas. De modo que se abarate el apoyo de Vox, que con su simple abstención sea suficiente, tanto para la investidura como para la posterior gobernabilidad.
No hay que olvidar que hasta aquí se ha llegado por el bloqueo sistemático de PSOE y Vox a las cuentas autonómicas y a otras muchas medidas de gran calado. Una «pinza» de la que Guardiola se quiere librar con una victoria inapelable, que deje sin argumentos a la formación verde, acostumbrada –según los populares– a poner encima de la mesa condiciones inasumibles.
No obstante, el gran titular que anhelan tanto Feijóo como Guardiola para la noche de mañana es el golpe mortal al PSOE. Por mucho que Guardiola decía que nada de «nacionalizar» la campaña, en plena canícula por los escándalos de corrupción, un hundimiento en una tierra que, sociológicamente, siempre se identificó con los socialistas, minará aún más la moral de un Gobierno que, para muchos, se encuentra en sus estertores. Fase terminal.
Este viernes, en una conversación informal con periodistas, así lo recalcó el propio Feijóo: «Es la tierra del PSOE. Si el PP le saca 10 puntos al PSOE, sería un mensaje clarísimo a Sánchez». Máxime, si se tiene en cuenta la situación procesal del candidato, Miguel Ángel Gallardo, con un pie en el banquillo de los acusados por, supuestamente, enchufar a David Sánchez, «hermanísimo» del presidente, en la Diputación de Badajoz, con un puesto «ad hoc» como jefe de la Oficina de Artes Escénicas.
Una causa judicial que, desde que estalló, los socialistas han enmarcado en el «lawfare» que persigue a los familiares de Sánchez por el mero hecho de ser sus familiares y no por los indicios de que, en alguna de sus conductas, han podido incurrir en delitos. Frente al discurso de la guerra judicial que con tanto ahínco agitan el presidente y sus acólitos, el PP cree que la derrota de Gallardo será también la constatación de que el victimismo no cala y el ciudadano no exime la culpa a un Gobierno acorralado pro los escándalos.
Lo que ocurra este domingo con las extremeñas condicionará, sin duda, el devenir de la legislatura. Contribuirá, o no, a levantar la moral de los partidos de la oposición. Y también impulsará, o no, a los próximos barones que tendrán que saltar al ruedo: Jorge Azcón en febrero, Alfonso Fernández Mañueco en marzo y Juanma Moreno en junio. Una corrida monstruo que llevará a Feijóo en volandas hacia la puerta grande de la Moncloa... o de la enfermería.
Las cartas están echadas. A diferencia de otras ocasiones, los populares se han cuidado de templar, y de qué manera, las expectativas. Conscientes de que, casi siempre, son un muro a donde van a estrellarse. La prioridad es ganar, cosa que no se hizo en el 2023. Y hacerlo con rotundidad.