El intrusismo en la medicina estética facial pone en riesgo la salud
La medicina y cirugía estética ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos años, convirtiéndose en un ámbito de gran demanda, en el que cada año miles de pacientes buscan mejorar su apariencia con tratamientos que van desde procedimientos sencillos a otros más complejos de cirugía facial. Sin embargo, este crecimiento también ha traído consigo un fenómeno preocupante: el intrusismo profesional.
Esta es una situación muy alarmante y en auge. Las últimas noticias muestran un aumento, cada vez mayor, de denuncias en España por procedimientos realizados por personas sin la cualificación adecuada, en centros no acreditados o utilizando materiales no homologados. El problema es que, cuando este tipo de procedimientos se hacen sin la formación adecuada, los riesgos para los pacientes aumentan considerablemente: hematomas, infecciones, asimetrías e, incluso, complicaciones graves, que pueden comprometer la salud o la funcionalidad del rostro. De hecho, en mi propia experiencia, he atendido a pacientes que vienen a consulta por efectos secundarios derivados de cirugías faciales mal ejecutadas, de la realización en sitios no homologados o del uso de productos de relleno de origen desconocido. Las consecuencias más frecuentes que he atendido incluyen abultamientos, irritaciones o reacciones inflamatorias en zonas delicadas como el tercio medio facial, el área periorbitaria (zona de la ojera) o los labios.
Es fundamental entender que la cirugía facial y los tratamientos estéticos no son meros procedimientos ornamentales: requieren una comprensión profunda de la anatomía, la fisiología y la dinámica de la cara, así como de un criterio médico capaz de evaluar riesgos y beneficios de manera individualizada. Cada rostro es único, y los resultados naturales y seguros solo se pueden lograr con una formación sólida, experiencia práctica y un abordaje integral. Por ello, los pacientes deben verificar siempre la formación y la titulación de los profesionales a los que acuden, buscando especialistas que cuenten con conocimientos sólidos y experiencia práctica en técnicas específicas.
Pero, más allá de esto, el intrusismo no solo pone en riesgo la salud de los pacientes, sino que también daña la reputación de todos nosotros, y contribuye a la desinformación sobre lo que realmente significa la medicina estética y la cirugía estética facial. Y es que la medicina estética es mucho más que apariencia; es técnica, ciencia, ética y también empatía. Cada intervención es una oportunidad para mejorar la autoestima y el bienestar de las personas, y esto solo se logra con conocimiento, experiencia y un compromiso inquebrantable con la seguridad. Por ello, desde hace ya años y, especialmente los últimos meses, profesionales de distintos ámbitos médicos vienen denunciando esta realidad y visibilizando los riesgos que implica para la sociedad. Tanto es así, que gobierno español ha reconocido la necesidad de reforzar la seguridad en este ámbito. El año pasado se modificó el Real Decreto que regula los centros sanitarios para garantizar mayor seguridad jurídica y asegurar que los procedimientos de cirugía estética sean realizados exclusivamente por médicos con la formación adecuada. Esta medida es un paso importante, pero no sustituye la responsabilidad de los propios profesionales ni la necesidad de educación y concienciación entre los pacientes.
Frente a esta situación, los profesionales debemos asumir un papel proactivo en la promoción de buenas prácticas. Esto implica actuar siempre dentro de nuestro ámbito de competencia, rechazar procedimientos para los que no estamos formados, aplicar protocolos de seguridad rigurosos y mantener una formación continua. Todas las intervenciones deben planificarse con criterio, atendiendo a la anatomía, la función y la expresión individual del paciente, y nunca buscando un cambio artificial que comprometa su identidad. La medicina y cirugía estética responsable no persigue la perfección superficial, busca armonía, equilibrio y bienestar.
Además, la información veraz y transparente es clave. Los pacientes tienen derecho a conocer quién realiza su tratamiento, cuáles son los riesgos y beneficios, y qué resultados pueden esperar. En un contexto donde las redes sociales y los medios de comunicación exponen constantemente imágenes de tratamientos estéticos es imprescindible diferenciar la información fiable de la desinformación. Los filtros digitales, los estándares de belleza irreales y la publicidad emocional pueden generar expectativas poco realistas, especialmente en los pacientes más jóvenes, y fomentar decisiones precipitadas. Los profesionales tenemos que educar, explicar límites y acompañar a los pacientes en cada fase del proceso, desde la primera consulta hasta el seguimiento postoperatorio.
Combatir el intrusismo y promover buenas prácticas no es solo una obligación ética, es la manera de consolidar la credibilidad de nuestra especialidad y garantizar que los pacientes reciban tratamientos seguros y satisfactorios. Al final, es importante tener siempre presente que la medicina y cirugía estética facial bien aplicada no genera riesgos innecesarios, sino que se convierte en un aliado de la salud, la confianza y la identidad de quienes confían en nosotros.