Guillermo Gauna-Vivas: un inventor de corazón que ha llevado prótesis solidarias en 3D a 70 países
En medio de la crispación, el egoísmo, el postureo y el cinismo reinantes es bueno tener un refugio al que acudir para recordar que más allá de ideologías o clases sociales hay algo que de verdad importa: que existen personas que se enfrentan a sus propios miedos, inseguridades e incluso a la incertidumbre económica con tal de ayudar a los demás, y que tras haber nacido en un lugar como otro cualquiera han conseguido tener un impacto global gracias a sus logros.
Ese es el caso de nuestro protagonista, un joven que a los cinco años y desde el barrio madrileño de Aluche decidió que quería ser inbentor (con «b», no es una errata, así lo escribió a bolígrafo en un carné que él mismo fabricó y que se convirtió en una clara declaración de intenciones).
Desde entonces, no ha dejado de soñar. La aventura de Guillermo Gauna-Vivas comenzó con un coche teledirigido, cacharros varios y el diseño de un coche junto a sus compañeros de la facultad de ingeniería, hasta que llegó el dron de salvamento, el invento que abrió una puerta en él: la posibilidad de ayudar a los demás.
Recién graduado en Ingeniería en Organización Industrial en la Universidad Rey Juan Carlos a los 22 años, y tras su voluntariado internacional en un orfanato de la ONG Bamba Project de Kenia dejó su trabajo de desarrollador de juguetes tecnológicos, que llevaba a cabo desde su impresora 3D instalada en la habitación de su casa, para dedicarse al 100% a la ONG Ayúdame3D, que tiene como objetivo ayudar a personas de todo el mundo con prótesis de brazo gratuitas impresas en 3D, llamadas Tresdésis. «El proyecto comenzó con una pequeña impresora, un viaje a Kenia y muchas ganas de ayudar», afirma.
En este momento su iniciativa está ya presente en casi 70 países, y gracias a ella ha recibido multitud de premios, entre los que se encuentran el Princesa de Girona Social en el año 2020, el Innovation Award en el World Youth Forum de Egipto o el Premio Ciudadano Europeo por el Parlamento Europeo en 2023. Pero Guillermo ha desarrollado también otras iniciativas, como los Chemobox, cofres portasueros diseñados para cubrir las bolsas de quimioterapia de niños y niñas en hospitales.
Cuando le preguntamos qué despertó en él su faceta solidaria, lo tiene claro: «La única motivación que he tenido es tener una educación fantástica. He crecido gracias a la empatía de vivir en un barrio obrero, ver dificultades en mi familia, en mis amigos...», unas circunstancias que le permitieron «darme cuenta de que no soy individual, sino parte de una sociedad que tiene sus crisis».
La lejanía, un desafío
Poner en marcha un proyecto como Ayúdame3D tiene sus dificultades, que en este caso se centraron especialmente «en la lejanía de las personas que necesitan los dispositivos, no poder tenerles cerca para tomar medidas, hacer prototipos», aunque gracias a la tecnología y con su equipo de ingeniería biomédica «he podido crear mallados en 3D, dispositivos perfectos para cada persona».
Y en otras ocasiones el problema ha radicado en la financiación: «Ese creo que es el mayor reto al que me he enfrentado», confiesa. Su ONG se financia con donaciones y socios, «pero también con colegios, empresas que hacen proyectos con nosotros, y que hacen que sus empleados o estudiantes aprendan a ayudar con lo que saben», dice Guillermo.
Las prótesis que fabrica están hechas con un material llamado PLA, un plástico proveniente de recursos vegetales como el almidón de maíz, que hace que sean mucho más ligeras que las convencionales, y mucho más baratas. En caso de que alguna de ellas se rompa por el uso pueden contar con colaboradores y entidades, entre los que se encuentra el Ministerio de Defensa o embajadas, «que saben cómo reparar los dispositivos, o incluso nos los mandan de vuelta, los reparamos y los volvemos a enviar». En este sentido, en este momento tienen además estudiantes de Tanzania, Kenia y Sudáfrica «que fabrican localmente los brazos para locales, y que gracias a ello tienen además currículum muy chulos en sus países para tener carreras muy buenas en el futuro».
Aunque cuando nació Ayúdame3D estaba él solo con el proyecto, en este momento su equipo está formado por 14 personas expertas en ingeniería biomédica y mecánica.
Si de algo se arrepiente Guillermo es de no haber empezado antes con su gran ilusión: «Me di cuenta tarde de que tenía que dejar mi trabajo, de que mi proyecto era más importante que mi empleo o ganar dinero, si lo hubiera hecho antes me habría quitado mucha tristeza y muchos agobios», asegura.
El pasado día 26 este joven contó su experiencia ante más de 6.000 jóvenes reunidos en el Palacio de Vistalegre de Madrid en el 19º Congreso de la Fundación Lo que de verdad importa (Lqdvi), una organización sin ánimo de lucro que persigue difundir valores humanos éticos y morales universales. Allí, enseguida conquistó a la audiencia, que escuchó con atención su historia y que sin duda dejó un poso en esas mentes en ebullición.
Como un influencer de los buenos, y con sencillez y entusiasmo, explicó el camino que le ha llevado a contar su experiencia ante miles de personas, y en la que también ha cabido el fracaso. Aquí menciona su último proyecto, Eternus, consistente en la elaboración de joyería que ayuda a pasar el duelo a los descendientes de personas que ya no están. «No paramos de fracasar, no paramos de darnos choques, porque hay problemas de lógistica, de desarrollo, y es importante contarlo. Yo estoy contento de no haberme engañado de lo que soy y de ser muy ‘‘yo’’ en mis redes, de contar mis fracasos, mis valores, ser fiel a mis principios y contar historias que a mí me conmueven y que intento compartir con todo el mundo», afirma.
En esos momentos los premios que ha recibido o charlas que ha dado han sido fundamentales para darle «un empujón», y recordarle que está en el camino adecuado. Además, destaca que la visibilidad «es algo espectacular, y muy necesaria sobre todo para pequeños proyectos».
La importancia de ser curioso
Cuando le preguntamos por qué elementos considera que son fundamentales para triunfar hoy en día, y que los jóvenes tienen que desarrollar, destaca ante todo la curiosidad: «Una persona que no es curiosa va a ser una persona mediocre. Si realmente tienes la vocación de querer cambiar el mundo, de querer emprender, si no eres curioso este no es tu sitio».
No obstante, destaca el hecho de que no todo el mundo vale para ello, y está bien. «Se necesitan también personas que acaten órdenes, que sean máquinas, si eres una persona increíble haciendo eso pues genial, pero para emprender debes cambiar, revolucionar, aprender por tu cuenta, hacer preguntas, desarrollar, crecer... Ésa es la ‘‘softskill’’ que me parece más interesante».
Pero, además, es muy importante creer «en tus ideales y en tus valores», y darse cuenta de que la clave del éxito es diferente en cada persona. Así, a un chico que tiene problemas en los estudios, que parece estar fuera del sistema, le diría que «a lo mejor es que tiene que ser actor, o bailarín. En el colegio yo suspendía muchísimo y me echaban de clase todos los días. A lo mejor no tienes capacidad de retención porque tu cerebro es diferente, pero puedes ser un chef increíble. Lo importante es no perder la motivación si estás frustrado». En este punto incide en la necesidad de reformar la educación, y que sea «más justa, más equilibrada» y, sobre todo, «más individualizada».
Entre sus últimas inquietudes está la de explorar su faceta artística, por lo que fabrica esculturas con realidad virtual, con plástico reciclado, y en las que combina aspectos aparentemente dispares como los sentimientos personales y la sostenibilidad. Las piezas están a la venta en su página web.
Y a su futuro próximo le pide, simplemente, «ser feliz». «Ahora mismo estoy en un momento superfeliz de mi vida y quiero mantenerlo. Mi vocación es mi familia, mi pareja y mis amigos», señala. Y para Ayúdame3D, le gustaría «llegar al doble de países en los que estamos, poder ayudar a quien lo necesite, ser una entidad de referencia a nivel mundial de tecnología social, y que nadie se quede atrás».
Un congreso vital
Durante el congreso de la Fundación Lqdvi en Vistalegre, que fue inaugurado por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez- Almeida, los jóvenes asistentes tuvieron la oportunidad de conocer otras historias marcadas por la responsabilidad social, la solidaridad o el compromiso. Como la de Pablo Sánchez Bergasa, que diseña incubadoras en 3D para bebés de países en desarrollo, la jugadora de bádminton Carolina Marín, ejemplo de esfuerzo y constancia, o la del coach Jero García, cuya fundación ayuda a la integración y dirige una lucha activa contra todo tipo de violencias. Todos ellos dejaron claro que son un ejemplo de lo que de verdad importa.