Le gustaba conducir en Nochebuena. Lo hacía de joven para reunirse con sus padres y hermanos en el pueblo, donde el olor a leña de chimenea y el brillo de unas luces pobres se le habían incrustado en la médula de los recuerdos. Esta vez el trayecto era distinto, y el destino que le esperaba le producía una sensación de incertidumbre que le hacía cosquillas por dentro mientras escuchaba villancicos en la radio y pasaba junto a desiertas ventas de camioneros y polígonos industriales semivacíos en cuyas ventanas apagadas lucían algunos árboles navideños . También iba solo como entonces, pero sin la seguridad confortable del reencuentro; la zozobra de enfrentarse a una experiencia desconocida le tembló por el cuerpo al...
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