En Sevilla, donde la fe se vive no solo en los templos sino también en las calles, en los talleres de imaginería y en la memoria íntima de cada familia, hablar del nacimiento de Cristo es casi hablar de nuestra propia biografía cultural. Cada diciembre, la ciudad entera se llenaba —y aún se llena— de belenes que, más que representar una escena, cuentan un modo de mirar el mundo. Pero quizá pocas veces nos detenemos a pensar en el diálogo que subyace bajo ese misterio: el encuentro entre el relato teológico del parto de la Virgen y lo que hoy sabemos, con precisión quirúrgica, sobre el parto humano. Los evangelios canónicos, con su sobriedad característica, apenas mencionan lo imprescindible: un...
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