A primera vista, la
bicicleta con suspensión magnética parece sacada de un laboratorio de
ciencia ficción, pero el proyecto nace de una inquietud muy concreta: cuestionar por qué la
absorción de impactos en bicicletas sigue dependiendo casi exclusivamente de
muelles y sistemas hidráulicos. El autor del experimento, el inventor y creador de contenidos británico
Colin Furze, partió de una idea simple pero poderosa: si dos imanes con el mismo polo se repelen de forma constante y sin contacto físico, ¿por qué no aprovechar esa fuerza para sustituir los elementos mecánicos tradicionales de una suspensión?
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