Uno de cada tres españoles ha reducido el consumo de carne este año por el aumento de precio
- La inflación fuerza cambios en la dieta
- El pescado se abre paso en los perfiles más concienciados
- Salud, edad y percepción alimentaria
- Comer mejor, aunque cueste más
Uno de cada tres ciudadanos ha reducido el consumo de carne en el último año por motivos económicos. Una decisión que coincide con el descenso continuado de quienes la consumen a diario y con un ligero repunte del pescado en la dieta, especialmente entre familias con hijos y personas mayores de 56 años, que lo perciben como una alternativa más saludable.
Así lo refleja el VIII Estudio de Salud y Estilo de Vida de la aseguradora de salud Aegon, elaborado a partir de 1.600 entrevistas en toda España.
El informe constata que el 35,4% de los encuestados reconoce haber dejado de comprar carne en algún momento por su precio, una cifra que aumenta respecto a la edición anterior y que sitúa a este alimento entre los productos a los que más se renuncia por el impacto de la inflación.
Aunque la carne sigue siendo uno de los pilares de la dieta, cada vez menos personas la consumen a diario: solo el 8,9% lo hace, frente al 9,4% de 2024 y al porcentaje aún más elevado de 2023. Es el tercer año consecutivo de descenso en el consumo diario.
La inflación fuerza cambios en la dieta
El estudio apunta a una relación directa entre el aumento de precios y la reorganización de los hábitos alimentarios. Más del 44% de los españoles asegura que la inflación ha afectado negativamente a su dieta, un impacto que se intensifica entre quienes han visto empeorar su situación económica.
En estos hogares, la renuncia a determinados productos se convierte en una estrategia para contener el gasto mensual, lo que explica que alimentos como la carne o el pescado aparezcan entre los más afectados por el ajuste del presupuesto.
Pese a ello, la reducción del consumo de carne no implica su desaparición de la mesa. El informe subraya que sigue siendo el alimento que se consume con mayor frecuencia varias veces por semana en todos los perfiles sociodemográficos.
El cambio se produce, sobre todo, en la frecuencia y en la cantidad, no en una eliminación total, lo que apunta a recortes puntuales y decisiones selectivas más que a transformaciones radicales de la dieta.
El pescado se abre paso en los perfiles más concienciados
Frente al retroceso de la carne, el informe detecta un ligero pero sostenido aumento del consumo diario de pescado, que alcanza el 3,9% en 2025, frente al 2,8% del año anterior y al 2,3% de 2023.
Aunque sigue siendo un porcentaje reducido, rompe la tendencia plana de años previos y se concentra en perfiles muy concretos de la población.
El pescado tiene mayor presencia en la dieta de las personas mayores de 56 años, entre las que casi la mitad lo consume a diario o varias veces por semana, y de los hogares con hijos, donde la preocupación por una alimentación equilibrada es más acusada.
También es más habitual entre quienes consideran que siguen una dieta saludable y valoran positivamente su estado de salud general, lo que refuerza su imagen como una opción más beneficiosa desde el punto de vista nutricional.
Salud, edad y percepción alimentaria
El informe pone de relieve que la percepción de llevar una alimentación saludable mejora con la edad y se asocia a un mayor consumo de pescado, fruta y verdura.
En cambio, los jóvenes presentan dietas más desestructuradas, con menor presencia de estos alimentos y una mayor exposición a productos ultraprocesados y comida rápida.
Esta brecha generacional ayuda a explicar por qué el pescado gana terreno en los tramos de edad más elevados, donde las recomendaciones nutricionales están más interiorizadas.
También influye el contexto familiar. Las personas con hijos muestran hábitos alimentarios más regulares y una mayor tendencia a priorizar alimentos considerados saludables, incluso en un entorno de precios elevados.
En estos hogares, el pescado se consolida como una alternativa que, aunque también se ha encarecido, se percibe como una inversión en salud.
Comer mejor, aunque cueste más
Pese a la presión de la inflación, el estudio revela una paradoja. El 84% de los españoles afirma que prefiere pagar más por alimentos de calidad, una proporción superior a la registrada en 2024.
Esta disposición es mayor entre quienes tienen empleo, hijos o una situación económica estable, lo que sugiere que el ajuste en el consumo no responde solo a una pérdida de interés por determinados productos, sino a una necesidad de priorizar.