El Grinch existió en la realidad: en este país se prohibió la Navidad por ley durante siete años
No a todo el mundo le gusta la Navidad. Para algunas personas, esta época del año está marcada por la tristeza, la nostalgia o la soledad. El llamado síndrome de las sillas vacías, la ausencia de seres queridos, las circunstancias personales complicadas o simplemente no tener con quién celebrar convierten diciembre en un mes difícil para algunos.
Y, por si fuera poco, ahora están las redes sociales. Ya no solo hay que soportar comentarios bienintencionados, sino también ver cómo los demás se reúnen, celebran y exhiben vidas aparentemente idílicas y perfectas.
De ahí que muchos vivan estas fechas como un auténtico Grinch, esa criatura verde, peluda y gruñona que odia la Navidad. En casi todas las familias hay uno. Puede ser quien se queja de tener que hacer regalos y gastar dinero, quien reniega de los atracones que traen kilos de más o quien empieza a protestar desde el puente de la Purísima hasta después de Reyes.
Puede que Charles Dickens no pensara exactamente en este tipo de personas cuando escribió Cuento de Navidad en 1843, pero lo cierto es que su obra fue clave para dar al 25 de diciembre la importancia que hoy tiene en Inglaterra. Y es que, antes de Dickens, hubo quienes actuaron como auténticos Grinch… y no eran personajes de ficción.
Cuando el Grinch gobernó Inglaterra
En el año 1645 Oliver Cromwell usurpó el poder al rey Carlos I tras tres años de guerra civil. Uno de los grandes focos del conflicto era la religión. El Parlamento quedó entonces en manos de los puritanos, una facción conservadora del protestantismo que rechazaba todo lo que les pareciera frívolo, excesivo o cercano al catolicismo. Y la Navidad, con sus banquetes, celebraciones y excesos, les parecía el ejemplo perfecto de todo lo que había que erradicar.
Al principio intentaron contener la fiesta con medidas para aguarla, pero como la población seguía celebrándola, en 1647 el Parlamento decidió prohibir la Navidad. Celebrar el 25 de diciembre pasó a ser ilegal y quien desobedeciera se enfrentaba a castigos.
La reacción de los ingleses
Decir que los ingleses no estuvieron de acuerdo sería quedarse corto. El 25 de diciembre de 1647, grupos de jóvenes se reunieron en el centro de Londres para cantar villancicos. La intervención policial acabó en disturbios que se extendieron a otras ciudades, especialmente en Canterbury, donde los manifestantes asaltaron comercios que habían abierto, ya que oficialmente aquel día era laborable.
La tensión se prolongó durante meses y muchos historiadores consideran estos enfrentamientos parte de la Segunda Guerra Civil inglesa. Reclamar la Navidad era también una forma de protestar contra Cromwell y reivindicar el regreso del rey Carlos I, que era partidario de mantener la festividad. El Parlamento sofocó las protestas y ejecutó al monarca, dejando claro quién mandaba.
Navidad clandestina
A pesar de la prohibición, la Navidad no desapareció. Simplemente se celebraba en la intimidad del hogar, lejos de miradas indiscretas. En esas reuniones privadas, además, se leía uno de los libros más populares del momento: Reivindicación de la Navidad, una defensa de las tradiciones navideñas inglesas.
En 1653, Cromwell fue nombrado Lord Protector y el 25 de diciembre dejó de figurar como día festivo. Sin embargo, tras su muerte y el breve mandato de su hijo Richard, Carlos II recuperó el trono en 1660 y una de sus primeras decisiones fue restaurar la Navidad.
Dickens y el espíritu navideño moderno
No fue hasta la época victoriana, coincidiendo con la publicación de Cuento de Navidad, cuando los ingleses comenzaron a vivir estas fechas como hoy las conocemos: una mezcla de celebración familiar y fiesta religiosa.
Y por sorprendente que parezca, Estados Unidos tampoco siempre celebró la Navidad. El 25 de diciembre no fue festivo a nivel federal hasta 1870 y, antes de la independencia, estuvo prohibido en zonas de Nueva Inglaterra, también por influencia puritana. Paradójicamente, el país que hoy vive la Navidad con mayor fanfarria tardó siglos en aceptarla oficialmente.