León XIV, el Papa poliédrico: tradición y novedad
Algunos analistas llevan meses devanándose los sesos para clasificar a este Papa entre los tradicionalistas y los progresistas, entre los conservadores y los aperturistas. Trabajan en vano, porque León XIV es una persona poliédrica en aspectos que pueden ser considerados como contrapuestos, pero que en realidad son complementarios. Acaba de suceder con su primera Navidad como Pontífice. Se ha subrayado por ejemplo, que a diferencia de Francisco, ha celebrado la misa del 25 de diciembre, ha felicitado las Pascuas en diez idiomas, no ha agredido a la curia en su discurso natalicio y ha utilizado la tradicional vestimenta papal que tantos añoraban en los tiempos de Bergoglio. Todo, como es obvio, bastante banal, si se tiene en cuenta que sus exposiciones doctrinales, homilías y discursos discurren por unos cauces de total continuidad con Francisco y otros de sus predecesores, como Pablo VI o Juan Pablo II. Y, por supuesto, con el Concilio Vaticano II como eje. El propio León XIV ha bromeado sobre las especulaciones que se generan en torno a él. Así lo manifestó en la rueda de prensa en el vuelo de regreso de Líbano: «Es interesante, a veces saco grandes ideas de ustedes, porque creen que pueden leer mis pensamientos o mi rostro. No siempre tienen razón».
La Iglesia tiene a sus espaldas dos mil años de historia y ha atravesado períodos muy críticos y hasta peligrosos. Le ha salvado, por supuesto, la existencia del Espíritu Santo, pero también ha acumulado una sabiduría ancestral que sabe distinguir entre lo esencial y lo accesorio. Robert Prevost es muy consciente de la herencia que ha recibido, pero nada le impide tomar decisiones innovativas y originales como se verá, en mi opinión, dentro de pocos meses.