Trump y Netanyahu en Mar-a-Lago: el crucial encuentro por Gaza y la sombra de la amenaza iraní
Trump y Netanyahu se reúnen en Mar-a-Lago para destrabar el plan sobre Gaza y enfrentar la amenaza iraní. Turquía irrumpe como factor clave y la decisión que tomen podría definir si Medio Oriente avanza hacia la tregua o hacia una guerra regional.
A pocos días de que termine el año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, vuelven a reunirse por sexta vez en apenas 10 meses. Cinco encuentros en suelo norteamericano y uno en Medio Oriente marcan una frecuencia inédita en la historia reciente de la relación bilateral.
Una intensidad diplomática que refleja la magnitud de los desafíos sobre la mesa, el frágil plan de fases para la Franja de Gaza, la presión internacional por consolidar una tregua duradera y, sobre todo, la creciente tensión con Irán, que amenaza con reconfigurar todo el equilibrio regional.
La reunión se realiza en Mar-a-Lago, el club y residencia privada de Trump en Palm Beach, Florida, el mismo lugar donde el mandatario estadounidense sostuvo ayer un encuentro con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.
Primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: X @netanyahu.
Ahora el punto central de la reunión entre ambos líderes se centra en Gaza, el encuentro se produce en un momento particularmente delicado, a la espera de que Hamás entregue los restos del último rehén que permanece en el enclave palestino. Y mientras ambos enfrentan escándalos personales, Trump con el caso Epstein y Netanyahu con el Catargate, en el que supuestamente asesores de Netanyahu recibieron pagos de Catar para promover los intereses de Doha durante la ofensiva en Gaza, y al proyecto de ley para alistar a los ultraortodoxos, que hoy han anunciado una nueva manifestación masiva de protesta.
La segunda fase del plan para Gaza
En el caso del enclave palestino, desde el 10 de octubre rige un alto el fuego frágil y constantemente amenazado en la Franja de Gaza. Israel y Hamás se acusan mutuamente de boicotear tanto la tregua como la hoja de ruta diseñada para poner fin a más de dos años de ofensiva militar.
En los hechos, la violencia no se ha detenido. Desde la entrada en vigor del alto el fuego, Israel ha realizado más de 800 ataques dentro del enclave, dejando más de 400 muertos y cerca de 1100 heridos. La cifra total de fallecidos desde el inicio de la ofensiva israelí supera las 71 mil personas, mientras la crisis humanitaria se profundiza día a día.
Una situación que ha generado crecientes críticas incluso dentro de la propia administración Trump. Según medios norteamericanos funcionarios cercanos al presidente han expresado frustración por lo que consideran maniobras dilatorias del gobierno israelí. El jefe de la Casa Blanca, presionado por el escenario internacional, busca consolidar una tregua más amplia y avanzar hacia un cierre del conflicto.
Gazatíes desplazados. Foto: X @UNRWA.
Israel y Hamás se acusan de obstaculizar el avance hacia la segunda etapa, la que surge como la más compleja pues conlleva el desarme de la organización paramilitar, la retirada total de las fuerzas israelíes de Gaza y el despliegue de una fuerza internacional de estabilización, junto con la instalación de un gobierno de transición palestino. Hamás, por su parte, ha dado señales claras de que no está dispuesto a entregar las armas.
La cita con el presidente está programada para las 20:30 de noche en Mar-a-Lago, 17:30 hora chilena, y aunque no se han revelado detalles del segundo día de la visita, todo indica que el objetivo es destrabar los puntos más sensibles del plan. Sin embargo, las diferencias son profundas.
Crecen las tensiones con Turquía e Irán reaparece en el radar israelí
Israel insiste en mantener el control de seguridad sobre el corredor Filadelfia, en la frontera con Egipto, mientras que la propuesta de Trump apunta a transferir ese control a la fuerza internacional. También existe un abismo entre lo que Israel está dispuesto a aceptar y lo que exigen los aliados árabes respecto a quién debe gobernar Gaza a largo plazo.
Pero el punto más conflictivo es la composición de la fuerza internacional. Trump quiere que Turquía participe activamente, considerando al presidente Recep Tayyip Erdoğan como un actor indispensable para garantizar que Hamás respete la tregua y para articular al resto del mundo árabe. Netanyahu se opone de forma tajante y no es casual. Las tensiones entre Israel y Turquía ya no se limitan a la retórica sobre Gaza, sino que se han transformado en una rivalidad estructural por la hegemonía en el Mediterráneo Oriental y el Levante.
Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Foto: Mikhail Klimentyev.
Tras la caída del régimen de Bashar al-Assad, Siria se ha convertido en un nuevo campo de batalla diplomático y militar. Turquía ha consolidado una amplia zona de influencia en el norte del país, mientras Israel observa con extrema desconfianza esa expansión.
A lo anterior, se suma la disputa energética, ya que el Mediterráneo Oriental es clave por sus reservas de gas natural. Israel ha fortalecido su eje con Grecia y Chipre, excluyendo deliberadamente a Turquía, mientras Ankara responde reclamando amplias zonas marítimas y bloqueando proyectos de gasoductos hacia Europa.
En este contexto, se inserta también el reciente reconocimiento israelí de Somalilandia, un movimiento que muchos interpretan como parte de un eventual plan para reubicar población palestina fuera de Gaza, una idea que choca directamente con los intereses turcos en el Cuerno de África, donde Somalia es uno de sus principales aliados.
Pero más allá de Gaza y Turquía, la sombra de Irán domina la reunión de Mar-a-Lago. En junio de este año, Israel e Irán protagonizaron la llamada “guerra de los 12 días”, un enfrentamiento que mantuvo en vilo a toda la región y que culminó con una tregua tras bombardeos estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes. Trump llegó a afirmar que el programa nuclear de Teherán había sido totalmente destruido. Hoy, esa afirmación está en duda.
Tel Aviv, bombardeada por Irán. Vía X@IRIran_Military.
La inteligencia israelí sostiene que Irán ya está reconstruyendo su capacidad de enriquecimiento de uranio en nuevas instalaciones subterráneas. Informes recientes indican además que Teherán ha logrado reconstituir su arsenal de misiles balísticos pesados, con cerca de 2 mil proyectiles capaces de alcanzar Tel Aviv. Netanyahu considera esto una amenaza existencial inmediata y busca convencer a Trump de que el alto el fuego fue solo un parche.
El presidente estadounidense, en cambio, quiere cerrar frentes. Su prioridad es evitar una nueva guerra regional que dispare los precios de la energía y golpee a la economía global. Netanyahu llega con una agenda de máxima presión, convencido de que si no se actúa ahora, Israel perderá su última oportunidad de neutralizar al régimen iraní.
El líder supremo, Alí Jameneí, advirtió que la próxima guerra podría ser la última que vea la región, anticipando un escenario de escalada total que incluiría ataques contra aliados estadounidenses en el golfo y toda la región y con ello el colapso del mercado energético mundial.
Mientras Trump y Netanyahu se preparan para reunirse, la Guardia Revolucionaria iraní ha iniciado maniobras en el Estrecho de Hormuz, un mensaje claro de que, más allá de las negociaciones en Mar-a-Lago, el dedo sigue estando cerca del gatillo.