España cierra el año a oscuras sobre el gran apagón de abril y sin ningún culpable
El apagón del pasado 28 de abril ha pasado por todas las comisiones habidas y por haber. Ha sido destripado por múltiples informes independientes y por el operador del sistema Red Eléctrica, responsable de garantizar el suministro, sus homólogos europeos de Entso-e y por la patronal de las eléctricas Aelec.
Casi no queda nadie por pronunciarse y los españoles aún se preguntan qué pasó realmente ese día para que la España peninsular y Portugal se fundieran hasta bien entrada la medianoche. Y lo que es más importante, España y sus industrias más afectadas siguen sin conocer quién fue el responsable último de lo sucedido.
Todo sigue en el mismo limbo en el que situó el cero eléctrico el Ministerio de Transición Ecológica cuando calificó el «incidente» de «multifactorial», tirando del manido «entre todos la mataron y ella sola se murió». El departamento de Sara Aagesen repartía culpas y se lavaba las manos sobre un asunto en el que no tenía una responsabilidad directa. Aunque sí en la política energética y en los retos y pasos que el sistema eléctrico estaba dando para probar la capacidad de absorber generación renovable, disparada esos días en busca de un récord que se alcanzó a un coste milmillonario sobre el que tampoco hay una cifra concreta. Ese día España aprendió de golpe varias lecciones.
La primera, fue la fragilidad del modo de vida tecnológico, dependiente de los enchufes y de las conexiones.
La segunda, la capacidad de respuesta pausada y responsable de la sociedad. El apagón generó el caos y costó incluso vidas, que merecen una respuesta y un responsable último, pero no desató el pánico, gracias en parte a que ese día la climatología ayudaba.
La tercera lección fue que el sistema eléctrico es tan sumamente complejo que no se puede correr en busca de plusmarcas de generación verde y que se necesita un respaldo suficiente para cubrir las oscilaciones de fuentes de electricidad intermitentes como son las renovables hasta que no se disponga de la suficiente cobertura por el almacenamiento que esas mismas fuentes provisionen.
La cuarta, fue la importancia de las turbinas, para disponer de suficiente energía síncrona que equilibre la balanza.
La quinta, derivada de la anterior, que el gas de los ciclos combinados y la nuclear siguen siendo pilares para blindarnos de eventos como el del 28A, más aún si se persigue el sueño de que el 80% de la generación eléctrica sea de origen renovable en 2030.
Pero al margen de todas esas carísimas lecciones aprendidas, que ya están pagando los consumidores en sus recibos, los españoles, los comercios, pymes o grandes empresas perjudicados ese día merecen una respuesta sobre lo que realmente llevó al sistema a su caída.
Aunque Aagesen dejó abiertas en junio todas las opciones, sí señaló la responsabilidad de Red Eléctrica como operador del sistema. «La causa del cero fue un fenómeno de sobretensiones. El número uno, el sistema no disponía de suficiente capacidad de control de tensión dinámica.
El programa final del operador del sistema (REE) para ese día con grupos de capacidad de control de tensión fue el menor desde que empezó el año», subrayó la ministra. A las 12:33 horas de ese 28 de abril «faltaban capacidades de controlar tensión bien porque no estaban programadas con suficiencia, bien porque los que estaban programados no proporcionaban adecuadamente lo que decía la norma o una combinación», añadió.
Aagesen explicó que el día previo al apagón REE programó 10 grupos para control dinámico de la tensión, repartidas por el territorio. «Se solicitó por el operador del sistema que esas centrales estuvieran disponibles a cambio de compensaciones económicas con la finalidad única de controlar tensión para absorber y generar energía reactiva», explicaba Aagesen.
«Sin embargo, horas después a las 8 de la tarde de ese 27, una de las centrales térmicas se declaró indisponible. El operador REE decide reprogramar, pero no sustituir esa necesidad de ese parque térmico en las horas centrales del día 28. Decide proseguir con una previsión de recursos de control de tensión para las horas centrales del día inferiores a lo que había calculado a principios del día 27», proseguía.
Ante este informe, la presidenta de REE, Beatriz Corredor, negó la mayor y cargó toda la responsabilidad en las eléctricas, que a su vez culparon al operador, el máximo responsable, al fin y al cabo.
De hecho, la patronal Aelec fue contundente al recordar algo reconocido por casi todos los actores: que el número de horas con sobretensión en la red de transporte ha aumentado de forma preocupante en los últimos años. Algo palpable los días 16, 22 y 24 de abril, con fluctuaciones de tensión significativas, especialmente el 22. Sin embargo, REE no sustituyó una unidad de ciclo combinado clave tras la indisponibilidad de un grupo en San Roque (Cádiz) el 27 de abril, reduciendo la capacidad de control de tensión en el sur de España justo antes del apagón a una única unidad de ciclo combinado en Arcos de la Frontera.
El coste de aquel día oscila entre los 3.000 y los casi 20.000 millones de euros, dependiendo de los informes, al que habría que añadir el de la operación reforzada en la que se opera desde entonces, que rondará los 500 millones (422 millones a sumar a 18.000 millones de los servicios de ajuste, que se anotan en los costes fijos de la factura, a fecha noviembre) con mayor disponibilidad de generación eléctrica por gas para evitar problemas.