Irse de vacaciones siempre suele ser una buena experiencia. Pero también puede suponer un reto personal.
Las diferencias culturales y los choques de costumbres obligan, en muchos casos, a hacer un esfuerzo extra de adaptación, abrir la mente, relativizar hábitos propios y aprender a convivir con nuevas rutinas de otro país que no es el nuestro.
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