Leire Martínez y su ruptura con La Oreja de Van Gogh: lo que aún no ha superado
El punto de inflexión que cambió su vida
La carrera musical de Leire Martínez dio un giro decisivo en 2007, cuando su participación en el programa Factor X le permitió salir del anonimato. "Fue la primera vez que tomé la iniciativa a nivel individual", recuerda. La exposición mediática le enseñó el valor de las audiencias, pero también agradece que ocurriera antes del auge de las redes sociales: "Doy gracias por no haber estado sometida a ese juicio brutal".
Poco después, una llamada lo cambió todo. El grupo La Oreja de Van Gogh la eligió como nueva vocalista tras la salida de Amaia Montero. "Pasé de ser alguien totalmente anónima a escenarios terriblemente grandes. Tuve mucho vértigo", reconoce. Las comparaciones fueron inevitables y difíciles: "Vivimos en una sociedad que tiende a dividir".
Una etapa marcada por la presión y el aprendizaje
Leire afrontó el reto con 27 años y una base emocional sólida. "Hace mucho que aprendí a quererme con todo, con mis luces y mis sombras", afirma. Esa estabilidad le permitió resistir la presión y continuar creciendo como artista y persona.
Sin embargo, su salida del grupo no fue sencilla. "Fue doloroso, ya lo he dicho. Y a nivel emocional todavía hay cosas que me cuesta digerir", confiesa. Para Martínez, aceptar lo incontrolable ha sido parte del aprendizaje: "Sufrir de más por algo que no puedes controlar no me merece la pena".
Una nueva etapa de exploración artística
Leire ha canalizado su proceso personal en un nuevo proyecto musical titulado Historias de aquella niña. "Ha sido un ejercicio de reconexión con la niña que se ponía las gafas de aventurera. Volver a jugar", explica. Esta obra simboliza su vuelta a lo esencial, a la raíz de su pasión por la música.
El disco nace del deseo de reconectar con la creación y con su propia voz, libre de los condicionantes del pasado. "Este último año ha sido un ejercicio de reconexión", asegura. Una reconexión no solo con la música, sino también con la mujer que ha aprendido a habitar el presente sin miedo al futuro.
Fases vitales más allá de la música
En lo personal, Leire también ha enfrentado etapas determinantes. La maternidad, que llegó a los 36 años, supuso un impacto emocional profundo: "Conecté con la idea de la muerte, no solo la mía, también la de mi hijo. Fue terrible". La terapia ha sido una herramienta esencial desde su juventud: "Voy a terapia desde los 20 años. Para mí es fundamental".
Hoy, la artista vive el presente con la determinación de quien ha aprendido a mirar hacia dentro sin miedo. Su mensaje, más allá del escenario, es una invitación a aceptar las propias sombras para transformar el dolor en creatividad. Un viaje que, en palabras suyas, busca sacar chispas al momento presente.
¿Qué queda por resolver?
Leire no da detalles específicos sobre los conflictos que marcaron el final de su etapa en La Oreja de Van Gogh, pero admite que el proceso aún no está completamente cerrado. Su honestidad al hablar del tema sugiere que el duelo por esa parte de su carrera sigue en curso. "Todavía hay cosas que me cuesta digerir", repite, sin necesidad de dramatismos ni artificios.
En su disco y en sus palabras hay una constante: la búsqueda de sentido, de autenticidad y de paz. En ese viaje, cada etapa cuenta. Incluso las que duelen.