Caja de Resistencia
Billy Eliot bajaba haciendo grands jetés por las calles de su barrio obrero mientras sus mayores se oían rugir las tripas y sobrevivían con la caja de resistencia que habían rellenado para aguantar frente a la Thatcher. La huelga de mineros británicos entre 1984 y 85 fue un pulso que se sostuvo con la caja de solidaridad obrera. Esa inspiración le debe haber llegado a Sánchez directamente cuando ha comprobado que con el Manual no le sirve, que lo que necesita ahora es una Caja de Resistencia para seguir usando del poder cuando no puede ganar nada en el Parlamento. Al menos ya lo reconoce.
Así las cosas les ha pedido a sus ministros que le den al magín –no quiero yo imaginar las felices fiestas que están pasando con semejante angustia– y que le hagan propuestas «disruptivas» y «claramente identificables con el Gobierno» de «temas sociales» que puedan llevarse a cabo desde el Consejo de Ministros y llegar directas al BOE sin tener que pasar por el Congreso. Temblemos. Lo disruptivo es aquello que interrumpe el modelo, la norma o la forma de hacer las cosas, que cambia de alguna manera las reglas del juego así que la traducción es que le aporten medidas con impacto, que hagan ruido y que sirvan para crear polémica, polarizar y dar la impresión de que el Gobierno sigue ejerciendo el poder aunque no pueda legislar ni apoyarse en las Cámaras. Esas ideas reposan ahora mismo en esa particular Caja de Resistencia Gubernativa y las iremos conociendo en los momentos adecuados: cuando haya juicios, nuevas imputaciones, revelaciones inasumibles o cuando la sensación de inacción y parálisis cunda.
Ya desde un punto de vista democrático la mera pretensión es gravemente disruptiva. Se trata de poner en marcha decisiones gubernamentales «que lleguen a la gente», o sea que impacten en sus votantes, y que serán dosificadas según los propios intereses del presidente. Sin el Parlamento. No digamos que no avisó. Así que sin presupuestos buscará medidas que no comporten gran desembolso público y que den que hablar usando solo el Consejo de Ministros, o sea, su santa voluntad. La ecuación se resuelve fácil: medidas ideológicas y propagandísticas. Está en su mano hacerlo. Es lo que Joseph Fishkin y David Pozen llamaron tácticas duras constitucionales, que no vulneran la norma en la letra pero la subvierten en el fondo. No es decente aunque es legal y el control a posteriori lo realiza la Sala Tercera del Tribunal Supremo, tal vez cuando ya no importe nada el resultado a efectos de relato o de votos.
El Gobierno puede, además de decidir la política exterior, decidir sobre la potestad reglamentaria y la organización de la Administración y para ello se basta solo con la llave del BOE. Pueden decidir qué se inspecciona, cuánto se inspecciona, a quién se inspecciona más. Pueden tocar sanciones, condicionar el acceso al crédito público, poner nuevos requisitos para ciertas cosas y rebajarlos para acceder a otras, como las ayudas del llamado escudo social. Pueden cambiar baremos, despliegues policiales, publicación de datos concretos en aras de la transparencia, los que ellos decidan, y producir órdenes ministeriales de Consumo, por ejemplo, que les compliquen la vida a unos, sí y a otros, no.
La Caja de Resistencia de Sánchez tendrá la capacidad de aliviar en algunos aspectos a los que desee y putear a otros, los que más o menos le renten en términos electorales y de relato público. Lo que no posee es ni un objetivo claro ni ninguna referencia al bien común. Con tales premisas no se darán órdenes para mejorar el bienestar general sino que se utilizará el poder unívoco de forma absolutamente populista de cara a lograr las condiciones más propicias para convocar las inevitables elecciones. Cualquier cosa puede salir de ahí menos una gobernanza justa y sensata. El gobierno de «la gente» ha olvidado a más de la mitad de la gente y así nos va. A ellos, sin embargo, les sigue rentando el coche, el pabellón oficial y embarcar por autoridades que es tan chulo como hacerte un tik tok cañero y además te hace perder mucho menos la dignidad.
Lo más gracioso es que lo van contando. La Caja de Resistencia pierde mucho poder en cuanto sabemos que existe. La mágica inventiva resistente de Sánchez se ve erosionada. Ahora sabremos que cada medida-oportunidad que saque no saldrá de su manga ni de su caletre sino de la famosa caja de resistencia que han ido rellenando los ministros de su partido y los enemigos íntimos que gobiernan con él arrastrándole a sus posiciones de izquierda radical. A saber qué sale. Seguro que nos da de qué hablar. Y mientras dure el invento y pueda seguir pedaleando no convocará. Con la Caja de Resistencia pasaremos la primavera y a saber qué pasa después. A los de Billy Elliot les salió mal, volvieron al trabajo derrotados y escuálidos y el presidente escuálido ya está. No se quejen. Tendremos un año disruptivo y lleno de videos infantiloides. No teman, hagan en Nochevieja como los irreductibles galos en su banquete del claro del bosque. Sólo temían que el cielo cayera sobre sus cabezas; todo lo demás... se sobrelleva.