La resistencia al desarme de Hizbulá acerca una nueva ofensiva israelí
“Hizbulá se ha estado portando mal. Veremos qué ocurre”. Fue la advertencia este lunes del presidente estadounidense Donald Trump, en compañía del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en su residencia de Mar-a-Lago, a la organización chií tras la pregunta de un periodista sobre el incumplimiento del Gobierno libanés del acuerdo de alto el fuego . Hoy se cumple el plazo exigido por la Administración Trump para llevar a cabo el desarme de Hizbulá a las autoridades libanesas, que ordenaron en agosto a sus fuerzas armadas delinear un plan para ejecutar la retirada del arsenal. A día de hoy la promesa del gobierno libanés no tiene ningún viso prosperar a corto o medio plazo.
El incumplimiento del plazo se da por hecho desde hace meses dada la negativa de la organización chií a entregar su arsenal al Estado. Aunque Israel no ha dejado de bombardear posiciones de Hizbulá durante los 13 meses transcurridos -en ciertos períodos diariamente- desde que las partes alcanzaran el acuerdo para el cese de las hostilidades, el rumor cada vez más intenso en el país de los cedros es que, aprovechando su debilidad y la de su patrocinador la República Islámica de Irán, Tel Aviv prepara una segunda ofensiva a gran escala en próximas fechas.
Los ataques israelíes registrados desde el 27 de noviembre de 2024 se han cobrado la vida de al menos 330 persona entre miembros de la milicia proiraní y civiles en el sur, el valle de la Becá y los suburbios de Beirut y sus tropas siguen presentes en cinco posiciones cercanas a la frontera. La organización proiraní sólo lanzó proyectiles hacia suelo israelí una vez la semana posterior al alto el fuego.
A pesar del severo castigo al que las fuerzas israelíes sometieron a la jerarquía y la infraestructura de Hizbulá durante el otoño de 2024, todo son especulaciones en torno al arsenal aún en manos de su militancia. Hace poco más de un año, la organización nacida durante la guerra civil estaba considerada la más importante de las fuerzas proxy apéndices de Irán y un Estado dentro del Estado libanés. Israel les acusa de tratar de reorganizarse, lo que, a juicio del gobierno Netanyahu, justifica sus violaciones del alto el fuego.
Este mismo lunes el secretario general de Hizbulá, Naim Qassem, reiteraba la negativa de la organización fundada y financiada por Teherán a entregar el resto de su armamento. El sucesor de Hassan Nasrallah -asesinado por Israel en su refugio de Beirut en septiembre de 2024- tilda la exigencia del desarme de la organización chií de “plan israelí-estadounidense”. “Pedir que el Estado tenga la exclusividad de lar armas mientras Israel lleva a cabo agresiones y Estados Unidos impone su voluntad sobre el Líbano, privándole de su poder, significa que el Gobierno no trabaja en interés del Líbano, sino de lo que Israel desee”, aseveraba el pasado día 28 de diciembre el secretario general Naim Qassem.
“Lo relevante es que apenas se ha discutido sobre el plazo. No se toma en serio y Hizbulá sigue en fase de negación”, explica a LA RAZÓN el analista político libanés Nadim Shehadi. “Se está criticando al Gobierno y al presidente del Líbano por haber aceptado aparentemente un compromiso con Hizbulá pero eso no está relacionado directamente con el plazo. También hay cada vez más rumores sobre un ataque inminente de Israel pero ello tampoco está vinculado directamente con el plazo”, zanja el ex profesor de la Universidad de Oxford.
La presión sobre las fuerzas armadas libanesas -los especialistas han presumido tradicionalmente que Hizbulá está mucho mejor entrenada y dotada que el propio ejército nacional- sigue aumentando ante el bloqueo del proceso. Sin la aquiescencia de los líderes de la organización chií -la decisión tiene que contar en último término con la luz verde de Irán-, cualquier tentativa de retirada de armas por la fuerza por parte del ejército libanés está abocada al fracaso. La posibilidad de que se puedan producir choques violentos entre ambas partes y el espectro de un conflicto de naturaleza civil preocupa mucho a las autoridades y la sociedad libanesa, aún traumatizada por la larga contienda fratricida.
El pasado 20 de diciembre el primer ministro libanés Nawaf Salam anunciaba que el desarme de Hizbulá al sur del curso del río Litani, situado a una treintena de kilómetros de la Línea Azul que sirve de demarcación provisional con Israel, está a punto de completarse. Pero si Trump y Netanyahu no flexibilizan sus posiciones, una nueva ofensiva bélica israelí contra Hizbulá en suelo libanés parece inevitable.