LeBron James se las prometía felices el día de su 41 años, preparado para celebrarlo por todo lo alto con
Luka Doncic como pregonero de fiesta de lujo. Pero, si es que de verdad creían estos Lakers que están para montar una fiesta por todo lo alto, llegó la pandilla de los orgullosos chicos malos de los
Detroit Pistons, atléticos y fortachones, se arremangaron y pusieron todo patas arriba con una humillante paliza a los de púrpura y oro (106-128). LeBron llegó en algún momento cerca el culminante momento final de soplar las velas con unos Lakers voluntariosos que llegaron a empatar el partido mediado el tercer cuarto (79-79) pero en vez de una tarta se acabó llevando una buena torta, un golpe de realidad.
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