Se hundió con un santo dentro
Durante la tragedia del Titanic, entre los más de dos mil pasajeros no solo viajaban millonarios o emigrantes, sino también un sacerdote cuya valentía podría llevarlo a los altares. Se trata del padre Thomas Byles, un clérigo católico británico que decidió no abandonar el barco mientras se hundía, optando por brindar consuelo espiritual a los condenados a morir en lugar de salvar su propia vida.