Sánchez exige disciplina y movilización a la militancia ante un ciclo político adverso
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha enviado este domingo una carta a la militancia socialista con un mensaje de disciplina interna, cierre de filas y movilización orgánica, en un contexto político cada vez más hostil para el Ejecutivo y marcado por el desgaste acumulado del partido tras varios meses de crisis. La misiva apela directamente a la lealtad de las bases como principal activo para sostener el proyecto socialista y descarta cualquier repliegue: “No renunciaremos a nuestro mandato democrático, ganado limpiamente en las urnas”. Ni una sola alusión a los casos de corrupción y acoso sexual.
Desde el inicio, Sánchez construye un marco de urgencia política y excepcionalidad, en el que cualquier duda interna aparece asociada a la derrota ideológica. El presidente carga contra quienes, incluso desde posiciones progresistas, asumen que el ciclo político se ha agotado: “Dicen que los tiempos han cambiado. Que la aritmética parlamentaria es demasiado compleja. Que la izquierda sólo tiene derecho a gobernar con mayorías absolutas”. Frente a ese diagnóstico, el líder socialista no plantea una revisión estratégica, sino que fija una consigna clara: “Yo he escuchado sus argumentos. Los he estudiado. Y los respeto, aunque no los comparto. Es más, los rechazo plenamente”.
La carta esquiva deliberadamente las tensiones internas del PSOE y los episodios de corrupción y acoso que han erosionado la credibilidad del Gobierno, y opta por un discurso de blindaje organizativo. El conflicto político se externaliza: la amenaza no está dentro, sino fuera, en una coalición PP-Vox que, según el presidente, “seguirá atacando al Gobierno con todo lo que tenga, aunque ello implique rebasar los límites de la verdad y la democracia”, y en una “internacional ultraderechista” que trataría de imponer “el retroceso, la privatización del Estado del Bienestar y la ley del más fuerte”.
En ese contexto, Sánchez reclama a la militancia que actúe como elemento de contención y movilización territorial, subrayando el papel de las agrupaciones locales como sostén del proyecto. La petición no deja espacio a la deliberación interna, sino a la acción disciplinada: “Ahora, más que nunca, es momento de mostrar compromiso y coraje”. Y añade una llamada directa a la militancia para que actúe como correa de transmisión del mensaje del partido “en cada agrupación local, en cada pueblo, en cada ciudad”.
Los logros económicos y sociales de los últimos siete años aparecen en la carta como argumento legitimador, no como objeto de discusión política. Sánchez los presenta de forma categórica —“los mejores resultados económicos, sociales y medioambientales de la historia democrática de España”— para reforzar la idea de que el mandato sigue vigente y que cuestionarlo supondría una quiebra injustificada del contrato electoral del 23J. De ahí su insistencia en que “no nos podemos detener” y en que la continuidad de la legislatura es una obligación política y moral.
El mensaje culmina con una apelación directa a la lealtad ideológica y orgánica, en la que el secretario general vincula la identidad del PSOE con la resistencia frente a la derecha y la ultraderecha: “No renunciaremos a culminar esta legislatura ni a seguir transformando España en la próxima. No renunciaremos a nuestras ideas, a nuestros valores”. La consigna es inequívoca: no renunciar, no dudar y no dividirse.
Leída en su conjunto, la carta es menos un ejercicio de rendición de cuentas que una orden política en clave emocional, destinada a reforzar la disciplina interna en un momento de fragilidad. Sánchez no busca calibrar el proyecto ni abrir una reflexión estratégica, sino protegerlo cerrando filas, consciente de que la principal amenaza inmediata no es solo la oposición parlamentaria, sino el desgaste interno de la organización.